Efecto de los fármacos en pueblos originarios
Nos urge una propuesta para recomponer y redirigir los esfuerzos del sistema de salud.
La prensa dio cuenta ayer de un protocolo muy grande, liderado por un grupo español en colaboración con otro en México, cuya base es el diseño de una cohorte con personas pertenecientes a pueblos nativos a lo largo y ancho de Latinoamérica, a fin de describir la respuesta a fármacos de uso cotidiano.
Los primeros datos arrojan resultados muy interesantes que demuestran diferencias, a veces enormes, en cuanto al tipo de respuesta y efectos colaterales. La llamada medicina personalizada se conduce normalmente en poblaciones blancas, occidentales y de elevados ingresos, en los que se han descrito diferencias personales de respuestas a diversos fármacos, pero nunca se han incluido a personas de pueblos originarios.
Es la primera vez en la que se podrán evidenciar dichas diferencias y la impresión de los investigadores es que, probablemente, los médicos estamos prescribiendo dosis que quizá causan efectos colaterales indeseables en muchas personas por ese desconocimiento.
En el trabajo participan 40 grupos de investigación integrando a más de 200 especialistas de diversos países. Una aspirina no le sienta igual a un noruego en comparación a un tzetzal, y quizá no tenga el efecto analgésico deseado y, además, existen también diferencias muy importantes en cuanto a la eliminación del fármaco que, en caso de no considerarse, podrían poner en riesgo grave la vida de una persona.
Cuando se publiquen los resultados completos del estudio, probablemente tendremos una herramienta muy útil en cuanto a las prescripciones que se tendrán que adaptar a las regiones tomando en cuenta la etnicidad y las características físicas del enfermo.
Se están estudiando muchos tipos de medicamentos, por ejemplo, los antidepresivos que típicamente se acumulan en la sangre con el curso del tiempo, antihipertensivos que resultan de especial interés por la enorme cantidad de personas con elevación de la presión arterial, medicamentos para el tratamiento de la diabetes mellitus, tan frecuente en México, y muchos otros de interés para la salud pública.
Adicionalmente se acompaña el estudio por declaraciones que ponen en perspectiva las diferencias culturales que deben tomarse en cuenta en el diseño de política pública, como la consideración de la convivencia de la medicina científica con las estrategias tradicionales de los pueblos originarios, respecto de las cuales no existe evidencia alguna de su eficacia.
Por supuesto, una cosa es tomar en cuenta y respetar las costumbres como la herbolaria y, otra muy diferente, es proponerla como tratamiento regular otorgado por el Estado, como lo hizo hace un par de semanas el Ejecutivo federal en México. Eso es francamente ridículo.
Nos urge una propuesta para recomponer y redirigir los esfuerzos del sistema de salud, tomando en cuenta datos tan importantes como los de este estudio para concretar el derecho a la salud como un eje fundamental del gobierno en México.
La respuesta de la 4T no ha brindado resultados concretos, sólo parece haber un deterioro del sistema nacional de salud en detrimento de los más pobres.
