Directora en el INPer

Mi opinión se decanta a favor de la doctora María Isabel Villegas Mota, quien ha ocupado diversos cargos directivos en diferentes instituciones sanitarias, además de haber aportado ideas muy importantes en la seguridad de la paciente.

Escribo estas líneas al día siguiente de la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres, respecto de un hospital en la Ciudad de México, dedicado principalmente a la salud de las mujeres: el Instituto Nacional de Perinatología (INPer) y que siempre ha sido dirigido por varones desde su fundación. Nada parece más absurdo a la luz del devenir histórico contemporáneo que pone de relieve la participación femenina como signo de progreso y desarrollo.

El momento que vive México, en el que los destinos de la nación serán conducidos por una mujer en la siguiente administración federal, resulta muy propicio para afirmar categóricamente que llegó la hora para que una mujer se haga cargo del hospital, y hoy tenemos candidatas tan preparadas o mejores que los varones que están en la competencia.

El problema para mí se deriva del conocimiento personal y el aprecio que les tengo casi a todas y todos los aspirantes al cargo, y aun así voy a intentar hacer el ejercicio que tendrá que hacer la junta de gobierno del instituto. La primera acción es descartar a los varones, que si bien lo avalo y lo entiendo, me resulta lamentable, porque hay algunos amigos en la lista, pero después viene lo más difícil, es decir, escoger a la mejor mujer para ocupar el cargo.

He de señalar, en primer lugar que, desde luego, los perfiles y las historias de vida de varias de ellas reflejan amplias capacidades para asumir el puesto, por supuesto no me gustaría estar entre quienes van a elegir, pero haciendo un ejercicio de abstracción para ponderar lo más objetivamente posible, mi opinión se decanta a favor de la doctora María Isabel Villegas Mota, quien ha ocupado diversos cargos directivos en diferentes instituciones sanitarias, además de haber aportado ideas muy importantes en la seguridad de la paciente, tema muy actual por los recientes análisis de las agencias internacionales en relación a los daños provocados por la práctica médica. Además, tiene la ventaja de no pertenecer al grupo de ginecología ni al de neonatología, históricamente en pugna por dirigir al instituto.

Debo mencionar, además, una verticalidad moral incuestionable y transparente en los cargos que ha ocupado, característica especialmente valiosa en cuanto a la función pública. Resulta imposible en un espacio como éste hablar de sus logros académicos, pero tengo la certeza de que son muchos y más que suficientes, tienen relación directa a la salud reproductiva y perinatal, y tengo también certeza en que se pondrá la camiseta para hacerle aportaciones al sistema de salud nacional que permitirán mejorar la salud del pueblo de México, así como propiciar la integración de los temas de investigación institucionales con los problemas clínicos frecuentes.

Concluyo estas líneas con un sabor agridulce opinando a favor de quien me parece la mejor opción, pero a sabiendas de la capacidad de la mayoría de las y los demás. Ya veremos qué decide la autoridad sanitaria.

Temas:

    X