Nunca imaginé, ni en mis sueños más absurdos, a México sometido a los caprichos de un demente que dirige al país más poderoso del orbe. Desde luego tenemos que celebrar que tenemos a una Presidenta especialmente hábil y capaz de lidiar con el desquiciado y eso nos ha permitido navegar a flote en muchos ámbitos.
A las ocurrencias del mandatario tenemos que sumar ahora el tema de perseguir a políticos que parecen ligados al crimen. No es la primera vez, de hecho hay en tierras en Estados Unidos algunos exfuncionarios mexicanos en prisión y por acá hay otros. La novedad hoy es la exigencia para mandar a algunos que estaban en funciones y desde luego habrá que actuar en caso de que existan elementos fuertes de sospecha, pero eso parece dejar en el aire un argumento ridículo que pone a los estadunidenses como víctimas, cuando son los responsables de toda la enorme crisis. La historia de la oxicodona fue responsabilidad exclusiva de ellos y la razón de la aparición de millones de adictos que hoy exigen drogas a cualquier precio.
Frente al panorama me parece todavía más importante discutir en México la despenalización de todas las drogas, que junto a la estrategia francamente bien articulada del gobierno actual, tendría la posibilidad de disminuir todavía más el panorama de violencia que hemos padecido en los lustros recientes.
También el tratamiento actual de las adicciones es responsabilidad de Estados Unidos, por allá decidieron hace muchos años que se trataba de conductas que deberían ser castigadas y no tratadas como enfermedades. La persecución de productores, transportadores y consumidores no ha sino agravado el problema. No se ha evitado ni una sola muerte, sólo ha provocado que muchos países como México estén sumidos en la violencia facilitada por el tráfico ilegal de armas que producen también los estadunidenses. Es una trampa absoluta e irresoluble frente a la cual me parece que la única respuesta razonable es desde luego combatir a las mafias y actuar en el sentido de la despenalización de las drogas, que además tiene algún grado de avance en la sociedad estadunidense.
Los argumentos de la libertad personal, el estilo de vida y el derecho de cada individuo para decidir lo que le plazca en su intimidad sin afectar a otros han sido suficientemente abordados en el México moderno, tanto que la mayoría de las personas manifiestan algún grado de aceptación. Al apreciar el consumo de las drogas legales como el alcohol o el tabaco todas y todos somos capaces de entender el daño que provocan en la salud de las personas, pero que eso no justificaría tratar a los consumidores como delincuentes. En todo caso, la obligación de la sociedad es ofrecerles tratamiento. Ojalá podamos abordar con seriedad el tema otra vez.
