De nuevo el asunto de médicos extranjeros
Deben validar sus estudios y demostrar sus capacidades.
Yo ejerzo una especialidad de la medicina desde hace muchos años, a lo largo de mi ejercicio profesional he tenido la necesidad imperiosa de cumplir con muchos requisitos exigidos por la normatividad mexicana que intenta garantizar, en la medida de lo posible, la capacitación y la actualización del grupo de profesionales en virtud de que, frecuentemente, tenemos en nuestras manos la vida de las personas que se someten a nuestro criterio para resolver un problema de salud.
Así como México, la inmensa mayoría de los países occidentales (en el Oriente ignoro cómo funciona el asunto) establecen exigencias mínimas para que cualquier persona pueda ejercer como especialista; si pretendo trabajar en cualquier país latinoamericano, por ejemplo, debo cumplir con una serie de requisitos en relación con la validación de mis estudios, obtener una patente otorgada por aquel gobierno y someterme a diversos tipos de evaluaciones sistemáticas.
No se diga en los Estados Unidos o en los Estados miembros de la Unión Europea, donde, además, el médico debe pertenecer a los colegios médicos reconocidos por los diversos gobiernos.
Ahora vemos al jefe del Ejecutivo en México contratando médicos provenientes de un país extranjero por una vía tan rápida que, pocos días después de su arribo, ya están contratados por las instituciones sanitarias nacionales Resulta a todas luces evidente que ese grupo de médicos no ha realizado absolutamente ningún trámite para validar sus estudios y demostrar sus capacidades en los mismos términos en los que yo lo tengo que hacer de forma sistemática.
El asunto no sólo resulta ofensivo para nosotros los médicos mexicanos, sino que es abiertamente ilegal.
No dudo ni un instante de las capacidades de mis colegas cubanos, conozc a algunos bien capacitados, pero eso de ninguna manera justifica que, por la voluntad de un presidente, todos los funcionarios involucrados se olviden del cumplimiento de la ley y les extiendan contratos laborales “porque así lo quiere el jefe”.
Las razones que arguyen los gobernantes suenan un tanto pueriles, alegan que los médicos nacionales no quieren ocupar esas plazas por egoísmo, y eso no es cierto.
Ya en este espacio he mencionado algunas de la enorme lista de razones por las que muchos colegas no acuden a regiones aisladas; las condiciones laborales, por ejemplo, resultan lamentables en muchos casos, así que no es egoísmo.
Francamente espero, a corto plazo, que se presenten amparos contra esas conductas ilegales, y un juez de primera instancia los va a otorgar, no me cabe ninguna duda.
Por supuesto, no deseo que se afecte negativamente la salud de mis compatriotas, lo que quiero es que, desde el Presidente hasta el empleado federal de menor rango, se den cuenta que deben cumplir la ley, por nobles que sean sus objetivos.
