Confinamiento a los no vacunados

La certificación de la vacuna parece que se convertirá, en un instrumento de política pública en salud.

Resulta francamente sorprendente que un país como Austria, con una fortaleza económica y una organización política muy por encima de las nuestras, ostente cifras del 65% de la población vacunada contra la enfermedad covid-19; la más baja de Europa occidental.

Justamente, es la gran brecha de personas sin inmunización, lo que está causando la presente “cuarta ola” en varios países europeos, Dinamarca, Holanda y Gran Bretaña entre ellos; países con grupos sociales grandes que se han opuesto sistemáticamente a recibir el biológico por razones mágicas o, en todo caso, por completo incongruentes con el desarrollo científico vigente.

Tenemos aquí un ejemplo perfecto del impacto de las decisiones personales en la sociedad. Cada persona tiene libertad absoluta, con base en los derechos humanos (aunque por acá algunos políticos digan que son invenciones absurdas) para decidir si recibimos cualquier tratamiento o método preventivo, pero a lo que no tienen derecho es a seguir dispersando una epidemia, que, de otra forma, ya estaría controlada.

La autoridad política de aquel país tiene articulada ya una estrategia para solicitar el certificado de vacunación a las personas que pretenden ingresar o acceder a lugares de alta concentración de gente, pero ahora van a ir más allá.

Les solicitarán que se queden en casa y solamente salgan para ir a su trabajo si no se puede realizar de forma remota, o para cubrir necesidades de compra de comida o medicamentos.

Por supuesto, aclaran que no son un estado policiaco, de tal manera que no van a realizar detenciones o vigilancia en las esquinas; por el contrario, harán revisiones al azar, en restaurantes, bares o centros recreativos y, en caso de encontrar a alguien que no sea capaz de demostrar un certificado digital de vacunación, se le invitará a abandonar el lugar y quizá se hará acreedor a una severa multa.

La certificación de haber recibido la vacuna parece que se convertirá, a corto plazo, en un instrumento de política pública en salud.

A todos los que estamos involucrados en el tema de derechos humanos (yo he defendido sistemáticamente los sexuales y reproductivos) no nos gustan las medidas coercitivas sobre la población, pero la urgente necesidad de controlar la pandemia no nos está dejando opción.

Por fortuna, en México es marginal el número de personas que se niegan irracionalmente a ser inmunizadas, por el contrario hemos sido testigos de muchos grupos ejerciendo presión para recibir el biológico; hecho que celebro en mi fuero interno, y ése ha sido uno de los factores que nos ha permitido el rápido progreso de la estrategia de vacunación.

Muy probablemente, si seguimos por el mismo camino, veremos el control de la epidemia antes, incluso, que en algunos países europeos.

La lección social es muy clara, todos los países occidentales debemos articular una estrategia mucho mejor para que la sociedad entienda cabalmente el papel y los hallazgos de la ciencia.

México, además debería estar invirtiendo cinco veces más dinero en ciencia, pero si los más altos niveles de los políticos no lo entienden, no podemos esperar mucho más de un cuerpo legislativo de una mayoría ignorante.

Temas: