Científica trata su propio cáncer con terapia no autorizada
Hace algunos días, en las páginas editoriales de una de las revistas científicas más importantes del orbe, Nature, se comenta un caso que ha desatado fuertes discusiones de índole ética. La doctora Beata Halassy, de la Universidad de Zagreb en Croacia, presentó una ...
Hace algunos días, en las páginas editoriales de una de las revistas científicas más importantes del orbe, Nature, se comenta un caso que ha desatado fuertes discusiones de índole ética. La doctora Beata Halassy, de la Universidad de Zagreb en Croacia, presentó una segunda recurrencia de cáncer de mama en el lugar de la mastectomía. En virtud de la mala respuesta al tratamiento, los médicos le comentaron que ya no era candidata a otra quimioterapia, pero, en virtud de su actividad académica como viróloga, estaba muy al tanto de los protocolos que tienden a diseñar tratamientos contra el cáncer usando virus destinados a las células malignas para fomentar que el sistema inmune del enfermo las pueda atacar y matar. Con el panorama global, se dispuso a crear un virus dirigido a su propio tumor con esa finalidad.
Para el momento en el que ella diseñó el virus, todavía no existía en el mundo ningún protocolo aprobado para cáncer de mama, hay algunos que se están probando en melanomas que no responden al tratamiento. Siempre resulta difícil obtener la aprobación de los comités de ética y de investigación existentes en todos los centros hospitalarios en los que se realiza investigación por razones obvias; el investigador debe convencer a dichos comités, tanto del posible beneficio del tratamiento propuesto con las bases de conocimiento que apoyen dicha hipótesis, así como de la relativa inocuidad de la terapia. Normalmente, lleva años tener los suficientes datos y convencer a los comités encargados de no exponer a riesgos innecesarios al grupo de enfermos, para iniciar las pruebas con una vigilancia muy estricta y la presentación de resultados muy frecuente frente a los supervisores de la investigación.
La doctora Halassy se saltó todo ese proceso, simplemente porque la única persona expuesta a cualquier posible riesgo, o incluso a la muerte, era ella misma.
Desde un punto de vista lo más centrado posible, sin apasionamientos, yo no encuentro objeción ética grave a la decisión de la doctora, tenía absolutamente toda la información de ventajas, desventajas y riesgos de su investigación y la única persona en riesgo inmediato era ella misma. Quizá podríamos sostener que la posible afectación o muerte de la doctora podría afectar a su entorno familiar y social bajo condiciones que no se les preguntaron, pero de forma cotidiana eso ocurre con todas nuestras decisiones que pueden poner en riesgo nuestras vidas o integridad. ¿Qué pasa si yo sufro un accidente en algún deporte de riesgo?, por ejemplo.
La sorpresa es que, después de cuatro años, la doctora publica el resultado del tratamiento y el tumor parece estar en control. Ella inyectó el virus diseñado para estimular su sistema inmune directamente en el tumor, y lo que observó fue una disminución en la consistencia del mismo y, posteriormente, en sus dimensiones, facilitando así su remoción.
El resultado es sumamente alentador, por supuesto para ella, pero también para todo el planeta, porque las millones de mujeres enfermas de cáncer de mama quizá puedan contar a corto plazo con un tratamiento nuevo. Obviamente todavía es necesario hacer el protocolo completo, pero sin duda la doctora pasará a la historia como pionera.
Mis respetos y admiración.
