Balance en las fiestas

• El gobierno, que por su comunicación parece ser el de una sola persona, hace oídos sordos a cualquier punto de vista que remotamente sea no coincidente con sus puntos de vista.

Las celebraciones del final del año, que coinciden con fiestas religiosas, invariablemente nos conducen a intentar entender qué ocurrió en el año que termina.

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Al margen del desacuerdo o coincidencias que podamos tener con el gobierno actual, la desazón y un sentimiento de abandono en lo que se refiere a la discusión pública de las ideas constituye un tema muy generalizado. El gobierno, que por su comunicación parece ser el de una sola persona, hace oídos sordos a cualquier punto de vista que remotamente sea no coincidente con sus puntos de vista y hay muy pocas sensaciones humanas tan frustrantes como ser ignorado.

El Ejecutivo federal ignora todas las opiniones que no sean alabanzas y, para hacerlo, señala a las más absurdas críticas, colocando en ese costal absolutamente a todos quienes no coincidimos. Cuando se hace algo así desde una posición de poder significa abuso. El Presidente repite las mismas frases, y repite insistentemente que “él no reprime”, pero, por supuesto, ignorar cualquier voz disidente es una forma de represión.

Quizá se refiere a que él no manda asesinar gente, y yo le creo, pero en democracia eso no basta. La actitud democrática incluye, como uno de sus valores fundamentales, la participación de todos y todas para determinar los derroteros de la acción gubernamental; que no se ve en la actual administración. Se le señala continuamente corrupción entre muchos miembros, incluso cercanos a Presidencia, y no existe siquiera respuesta. Peor que aquel “ni los veo ni los oigo” de Salinas de Gortari; ahora, simplemente no existen esas voces y, las pocas que sí menciona, lo hace para denostar, personalizar, agredir, estigmatizar de manera personal —otra vez desde el poder— a comunicadores sin importar que sean víctimas de atentados.

Tenemos a un mandatario con unas mañas interminables para hacerle sentir a la gente que él es la víctima, incluso cuando el atentado ocurrió contra un periodista. La racionalidad quedó de lado desde que asumió el poder; desde su punto de vista, él y su gobierno no se equivocan, siempre tienen la razón y eso no se discute. En cualquier ámbito de las acciones de gobierno se puede apreciar el desencanto y, en muchos sentidos, el deterioro de las condiciones de vida; el ejemplo de las mujeres asesinadas durante la presente administración es uno de los hechos más dolorosos y demostrativos de un gobierno incapaz e inepto.

Los dos últimos textos los he dedicado a una modalidad escalofriante que es el crimen absurdo de matar a una mujer con un embarazo de término para robarle al feto. Eso no ha merecido siquiera alguna mención en las larguísimas conferencias de prensa del Ejecutivo federal. No es tema, supongo, que no le interesa, no le parece algo más importante que discutir lo que pasa con el presidente que intentó un golpe de Estado en algún país sudamericano.

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Ésa es nuestra realidad hoy, es el gobierno que nos merecemos, es el que eligió el pueblo de México, es el gobierno derivado de una muy joven democracia electoral en un país con enormes deficiencias educativas. Lamentable realidad.

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