Por supuesto, no son las tortas
La epidemia de obesidad en México comenzó tras la firma del Tratado de Libre Comercio
A partir de la publicación en los medios de comunicación de las evidencias en relación con la enorme prevalencia de sobrepeso y obesidad en México, la Secretaría de Salud articuló una enorme y muy costosa campaña en medios, cuya intención es crear conciencia en la población acerca del problema; objetivo noble, por cierto, pero muy mal enfocado.
Se menciona, por ejemplo, al consumo de tortas y pan dulce como responsables del sobrepeso, casualmente dos elementos cultural e históricamente asociados con México, y cuidadosamente la campaña deja de lado a los alimentos industrializados y a los de franquicias extranjeras que, por supuesto, tienen mucha más responsabilidad en el fenómeno, como queda demostrado al analizar la epidemia de obesidad actual, que inicia un año después de la firma del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica.
Cuando cursé mis estudios de Medicina en la Facultad de la UNAM, tuve la fortuna de recibir algunas clases del maestro Héctor Bourges en el Instituto Nacional de la Nutrición, y a la fecha recuerdo una sesión en la que personalmente hizo en el pizarrón el análisis pormenorizado en términos de valor nutritivo de una muy mexicana torta,
–por supuesto, sin freír– tomando en cuenta el pan, dos rebanadas de jamón, dos de queso, frijoles, jitomate, lechuga, un poco de mantequilla, y para sorpresa de todos resulta un alimento perfectamente balanceado, muy nutritivo y especialmente sano; así que le afirmo categóricamente al doctor José Ramón Narro Robles, sin temor a equivocarme, que el problema no son las tortas.
El acento de la campaña debería estar dirigido al grupo de alimentos malsanos, aconsejando limitar su consumo. Las grasosas hamburguesas, el pollo frito, las bebidas endulzadas, las sopas instantáneas, las pizzas, etcétera, en general, contienen un exceso mucho más importante de calorías y grasas trans en comparación con un pan dulce o una torta bien hecha en casa.
Del médico del país, por supuesto, espero una actitud identificada, en primer lugar, con actitudes tendientes a la salud de la población, antes que proteger intereses económicos de empresas trasnacionales, para eso ellos se pintan solos y poseen enorme capacidad publicitaria. Es su papel. Cada persona, física o moral, tiene la legítima intención de producir dividendos, y todas estas empresas están en ese tenor, pero justamente los gobiernos deben estar para garantizar que lo hagan sin causarle daño a la sociedad; no para proteger al industrial a costa de la salud o la vida de las personas.
Sin ser un acto de corrupción directo, se puede entender como de completa, total y absoluta irresponsabilidad en el mejor escenario en vista de que su deber, es justamente con los más vulnerables, y como médico, aconsejando lo mejor en términos del estilo de vida que incluye el buen comer.
Por hechos como los descritos estamos, en general, los ciudadanos tan decepcionados y hartos de los políticos; siempre parecen tener intereses ocultos. Ojalá la campaña cambie a la brevedad.
