El sector salud vende enfermedad
En muchas áreas, los refrescos son insumos necesarios para las reuniones de trabajo
Hace poco dediqué este espacio al asunto de la fructosa como edulcorante en muchas bebidas y alimentos en México y sus efectos francamente tóxicos, que sería necesario poner en relieve frente a la crisis sanitaria actual, relativa al sobrepeso y su enorme estela de secuelas.
En la negociación del azúcar no se mencionó nada de los efectos tóxicos de dicha molécula, espero que posteriormente se pondere.
Personalmente, no había puesto atención frente al enorme grupo de máquinas expendedoras de alimentos y bebidas que, como plaga, se multiplican por todas las unidades, hospitales, oficinas y cualquier otra instalación de, por lo menos, un par de instituciones de salud que tengo a la mano: las dependientes de las secretarías de Salud federal y locales, así como del IMSS.
Hace algunos años ocupé temporalmente la Dirección General Adjunta de Salud Materna y Perinatal de la Secretaría de Salud, y recién asumí el cargo, mi sorpresa fue francamente desagradable porque prevalecía la costumbre de comprar para cualquier reunión programada (que en esos lugares son muchísimas, todos los días) refrescos y botanas en bolsitas. Nada más contrario al favorecimiento de la salud que consumir sistemáticamente esos alimentos y bebidas, así que, por lo menos, en mi área, tuve la oportunidad de girar las instrucciones necesarias para que no se destinara un peso más del presupuesto a la compra de dicha basura nutricional. Por supuesto a las personas nos da sed, que se puede mitigar con agua.
Hace poco fui invitado a una reunión de la Secretaría de Salud, a la que llegué por supuesto puntualmente, y comprobé que en muchas áreas siguen siendo los refrescos insumos necesarios de las reuniones.
Incredulidad es el adjetivo que utilizo cuando estoy describiendo semejante panorama. El “jefe máximo”, es decir, el secretario José Narro Robles, hace pública la epidemia de obesidad, y en todos los hospitales que directamente dependen de su oficina, le venden a las personas —enfermos y familiares— alimentos que francamente los pueden enfermar más.
Lo mismo cabe para el caso del IMSS, donde el maestro Mikel Arriola también ha señalado el problema en muchas ocasiones y, en sus propias unidades sanitarias, también se les venden dichos venenos a las personas.
No he podido acudir en estos días a ninguna unidad dependiente del ISSSTE, pero casi puedo apostar que ocurre lo mismo.
Aprovecho para hacer un llamado a todos y todas los directores de unidades hospitalarias para que se deshagan de esas máquinas y detengan las ventas de dichos alimentos y bebidas.
He de decirles que francamente se ve muy mal, parece indolencia respecto de los valores que defendemos los profesionales de la salud; y en caso de que no les convenzan mis argumentos, inicien la venta de cigarros.
