A garrotazo limpio
La violencia es coacción física, perjuicio, daño, atentado directo, corporal contra las personas, cuya vida, integridad y libertad se ven sometidas
En efecto, hay una transformación en marcha. La que debiera ser una policía eficiente, honesta y civil (la Guardia Nacional) está encargada, en las fronteras norte y sur, de detener, arrasar y encarcelar todo tipo de migrantes, especialmente los que provienen de Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Brasil y, de modo aun más específico, de Haití, quizás los más pobres y desamparados.
Para el Instituto Nacional de Migración y la Guardia Nacional, el trato que se le da a cualquier ciudadano proveniente de esos países es semejante al que podría dar a un delincuente atrapado in fraganti. Las escenas de los noticiarios nos muestran cómo los agentes mexicanos llegan a patear las cabezas de personas arrastradas por sus compinches y a casi estrangular e impedir que respiren a quienes han caminado durante muchos kilómetros y se detienen a mitigar la sed y dar alivio a sus pies ampollados por el ardiente asfalto de las carreteras.
Los hechos más recientes en Chiapas nos ofrecen escenas plenas de dolor y de lo que debiera ser una vergüenza para las autoridades: guardias uniformados para el combate conteniendo y golpeando, lo mismo a mujeres que a varones, que son acompañados de niños, quienes alcanzan a levantar los brazos o a rodarse por el suelo ante los agresores.
Y algo semejante ocurre cuando los alcaldes electos que no pertenecen a Morena tratan de entrar al Congreso local. Los que fueron o son granaderos se imponen, a fuerza de toletazos y empujones, a quienes fueron elegidos para conducir diversas alcaldías. No hay argumentos, hay una violencia que pretende suplir a la razón. Acciones que la señora Sheinbaum califica como maniobras de circo y con ello se autoabsuelve.
La violencia contra las mujeres en la actual administración está en niveles más altos que en los gobiernos de Calderón y Peña Nieto. Los delitos de trata de personas, violaciones y feminicidios van en aumento. Así lo confirmó Rosa Icela Rodríguez, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, en el más reciente informe sobre incidencia delictiva.
La violencia es coacción física, perjuicio, daño, atentado directo, corporal contra las personas, cuya vida, integridad y libertad se ven sometidas. La banalización de la palabra violencia lleva a mezclar los datos a partir de los cuales se puede pensar y analizar para derivar en su aprobación dada la desigualdad de quienes la padecen, pero ninguna reflexión sesuda resiste ante una violencia que se vive en carne propia.
Hoy existe entre nosotros una especie de consentimiento, tolerancia y hasta justificación que dan una atmósfera, un color y un humor en todo el país. En la guerra, los seres segregan un nuevo sudor.
Entre la masa de muertos no se distinguen los que hablan náhuatl o aquellos que gritan: ¡Viva la 4T!
Hoy el destino de México se ha vuelto urbano y rudo. Las capitales de los estados y los principales municipios suman entre la segunda y tercera parte de la población sujetos a extrapolaciones nunca antes vistas. Los militares, las guardias, los uniformados con armas de todo tipo y, de manera clara, quienes los manejan y orientan, han hecho desaparecer la coherencia. Se traspasó el umbral, volvió la bestia.
La ruptura moderna es más que una ruptura, un gigantesco traumatismo, está ligada a la urgencia de las condiciones políticas. Las tensiones que vivimos, estrechamente ligadas a la violencia, son irracionales, caóticas y sin cohesión social. Se han vuelto a formar clanes medievales envueltos en pandillerismo y crimen. Estamos creando una identidad colectiva primitiva e indolente.
