La sombra de la autocracia

La autocracia es definida como una forma de gobierno donde el poder lo ejerce una persona o entidad, sin que existan restricciones efectivas por parte de otras instituciones con las que conviven o por la ausencia de auténticos mecanismos de control democrático.

A diferencia del modelo de la democracia, la cual se caracteriza —entre otras cosas— por la distribución real del poder en distintos órganos y la presencia de un sistema de pesos y contrapesos eficiente, las autocracias en el mundo se caracterizan en la actualidad por acceder al poder a través de las vías democráticas, para luego debilitarlas o de plano destruirlas. 

De manera reciente fue dado a conocer el Índice de Libertad Mundial elaborado por la organización Freedom House, que sostiene que la libertad global volvió a disminuir en 2025. Un total de 54 países experimentaron un deterioro en sus derechos políticos y libertades civiles; mientras que sólo 35 países registraron mejoras.

Las mayores disminuciones en materia de la libertad durante el año pasado fueron causadas por golpes militares y por las acciones de los líderes en el poder por desaparecer la disidencia o reformar las reglas constitucionales a su favor. 

En la edición 2026, nuestro país alcanzó 58 de 100 puntos, que lo clasifica como un país libre, pero de manera parcial. De acuerdo con el Índice, los elementos que llevaron a México a ocupar esta posición fueron las reformas que desaparecieron a los organismos constitucionales autónomos, así como la del Poder Judicial, pues desde su óptica, “somete a los jueces a supervisión partidista y dificulta la emisión de fallos en contra del gobierno”. 

México alcanzó 26 puntos de 40 posibles en la medición de Derechos Políticos, que se conforma con tres aspectos importantes: proceso electoral, pluralismo político, así como participación y funcionamiento de gobierno.

En materia de Libertades Civiles, el país obtuvo en la evaluación 32 de 60 puntos, en base a un análisis de cuatro subcategorías: libertad de expresión y creencia, derechos de asociación organización, Estado de derecho, así como autonomía personal y derechos individuales.

Es cierto, el estudio reconoce que México ha sido una democracia electoral plena desde el año 2000, y la alternancia de poder entre partidos ya es rutinaria, tanto a nivel federal como estatal, pero también advierte que el país sufre graves déficits en el Estado de derecho que limitan el pleno disfrute de los derechos políticos y las libertades civiles.

Si bien el debilitamiento de gobiernos democráticos y la adopción de prácticas autoritarias parece ser una pandemia, no podemos aceptar que nuestra nación está clasificada en términos tan criticables. Porque ya lo dice el refrán: “Mal de muchos, consuelo de tontos”.

En Estados Unidos, Donald Trump se ha caracterizado por el poco o nulo respeto a la ley de su país y a la normatividad internacional; el ataque a la Corte Suprema y a los jueces; la sistemática persecución de periodistas y opositores con lo cual conculca la libertad de expresión; así como por la flagrante violación de los derechos humanos de los migrantes. Todo ello constituye una demostración de cómo un país que se consideraba ejemplar, puede decaer en prácticas propias de regímenes autoritarios.

Aunque parezca que este tipo de mediciones sólo les sirven a los académicos y a los medios informativos, la verdad es que siempre son elementos para considerar por las organizaciones internacionales de carácter financiero para la toma de decisiones, así como también por los inversionistas que siempre buscan arriesgar sus capitales en países que les den seguridad y certeza jurídica. 

Como Corolario, las palabras del británico Winston Churchil: “Un país no se mide por lo que ha logrado, sino por lo que se atreve a intentar”.