Trump y el Acuerdo de París
El 12 de diciembre de 2015 fue para muchos una fecha histórica de la diplomacia internacional. Ese día, la mayoría de los países del orbe con excepción de Nicaragua y Siria incluyendo a nuestro país, aprobaron el llamado Acuerdo de París, en honor a la ciudad en ...

Raúl Contreras Bustamante
Corolario
El 12 de diciembre de 2015 fue para muchos una fecha histórica de la diplomacia internacional. Ese día, la mayoría de los países del orbe —con excepción de Nicaragua y Siria— incluyendo a nuestro país, aprobaron el llamado Acuerdo de París, en honor a la ciudad en donde se llevó a cabo la suscripción del documento.
Se trata del primer pacto a nivel mundial que busca reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, las cuales han contribuido en aumentar la temperatura del planeta.
La situación del cambio climático, ocasionado por el calentamiento del planeta, es, sin duda, alarmante. Tan sólo en el año 2016, las temperaturas a nivel global alcanzaron sus máximos históricos desde que se tienen registro de éstas. La gravedad se enfatiza si tenemos en cuenta que los años 2014 y 2015 también rompieron el mismo récord, consecutivamente.
Los compromisos asumidos por los Estados signatarios consisten en el establecimiento de metas, que de manera paulatina, buscan reducir las emisiones de dióxido de carbono, a fin de disminuir las consecuencias antes señaladas.
Lo anterior viene a colación, debido al pronunciamiento de hace unos días del presidente Donald Trump, quien anunció que Estados Unidos abandonará este importante e inédito compromiso internacional —y con ello sus responsabilidades asumidas— lo que implica un importante contratiempo, puesto que a nivel global ese país emite —por sí sólo— casi 15% del dióxido de carbono que afecta a todo el planeta, únicamente superado por China en ese rubro.
El mensaje que se manda con el anuncio significa otro capítulo más de su política ignorante, populista y aislacionista —que con pena hay que reconocer que lo llevó a la Casa Blanca— así como la reiteración de su estrategia de dirigir al país más poderoso del mundo mediante el recurso del uso de la fuerza y la soberbia para intentar imponer sus reglas, ignorando las condiciones más elementales de convivencia de la aldea global.
Ante la división que pretende sembrar el mandatario estadunidense se han pronunciado voces de países como Francia, que a través de su nuevo presidente, Emmanuel Macron, advirtió que Trump “cometió un error para los intereses de su país y un error para el futuro de nuestro planeta”, invitando a quienes “la decisión del Presidente de Estados Unidos les haya decepcionado, encontrarán en Francia una segunda patria”.
Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel —quien en fecha reciente hizo una visita estratégica a México—, ha dicho que Europa ya no puede “confiar completamente” en otros países.
Al interior de Estados Unidos, la fortaleza de su federalismo permite que los Estados de la Unión puedan seguir impulsando programas que busquen reducir las emisiones de CO2. Es el caso de 12 estados y 187 ciudades estadunidenses, entre los que destacan Nueva York y California.
Estamos frente a uno de los más grandes desafíos en la historia de la humanidad. Si el aumento de temperaturas sigue siendo una constante, el calor producido aumentará los niveles del mar, poniendo en riesgo a ciudades costeras de todos los países; las tormentas y las inundaciones serán cada vez más fuertes, así como las sequías, y todo ello se traducirá en una escasez de alimentos.
Si Trump está buscando quedarse solo, sin duda lo está logrando.
Como Corolario, las palabras del profesor de la Universidad de Turín, el escritor italiano Arturo Graf: “El saber y la razón hablan, la ignorancia y el error gritan”.