Trump y el cambio climático
El Acuerdo de París es un tratado internacional adoptado por 196 países en 2015 durante la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático. Su objetivo principal es reforzar la respuesta mundial ante la amenaza del cambio climático, manteniendo el aumento de la ...
El Acuerdo de París es un tratado internacional adoptado por 196 países en 2015 durante la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático. Su objetivo principal es reforzar la respuesta mundial ante la amenaza del cambio climático, manteniendo el aumento de la temperatura global en este siglo por debajo de 2 °C respecto a los niveles preindustriales y esforzándose por limitar este incremento a 1.5 °C.
Su importancia es relevante, por lo que resulta sorprendente la escasa difusión mediática y la ausencia de protestas significativas por parte de grupos ambientalistas tras la reciente decisión del presidente Donald Trump de retirar nuevamente a Estados Unidos del mencionado acuerdo.
Trump sostiene que cumplir con los compromisos del Acuerdo de París impone cargas económicas que van en detrimento de los intereses de Estados Unidos. Argumenta que la reducción de regulaciones ambientales obstaculiza el crecimiento económico y ha manifestado su intención de fomentar la producción de combustibles fósiles, como el petróleo y el gas.
En síntesis, la administración de Trump no contempla adherirse a los compromisos climáticos internacionales y, en su lugar, impulsa políticas que favorecen el desarrollo de energías convencionales por encima de las renovables.
Esta postura, si bien podría generar un crecimiento económico en el corto plazo, es incompatible con la responsabilidad que tiene Estados Unidos en la lucha contra el cambio climático, un fenómeno cuyos efectos ya son evidentes y cuyas consecuencias se agravan con el tiempo. La magnitud del compromiso estadunidense es innegable: no sólo es el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero (con un 12.7% del total mundial anual, después de China, con 26.1%, y antes de India, con 7.1%), sino que, históricamente, ha sido el principal contribuyente acumulado, con un 25.5% de todas las emisiones registradas, superando a China (15.1%) y a Rusia (7.1%). Estados Unidos tiene un doble compromiso moral en esta lucha: primero, porque ha sido el mayor generador histórico de emisiones y sigue desempeñando un papel central en la crisis climática y, segundo, porque su retirada del Acuerdo de París envía un mensaje desalentador al resto del mundo. Su inacción podría reducir la presión sobre otros países, disminuir el esfuerzo global y ralentizar el desarrollo de tecnologías limpias y accesibles, herramientas esenciales para mitigar el problema.
Los datos más recientes revelan que los avances en la reducción de emisiones han sido insuficientes. En 2024, la temperatura global ya ha aumentado 1.55 °C respecto a los niveles preindustriales. Según las proyecciones, si no se toman medidas adicionales, el incremento podría alcanzar los 2 °C alrededor de 2045, umbral que los expertos consideran catastrófico.
El impacto de este aumento sería devastador por una mayor frecuencia e intensidad de sequías e inundaciones, pérdida de biodiversidad, propagación de enfermedades como el dengue y la malaria e inseguridad alimentaria debido a la disminución de la producción de cultivos esenciales.
Uno de los efectos más alarmantes del cambio climático ha sido el aumento en la frecuencia y magnitud de los incendios forestales. Recientemente, Los Ángeles ha experimentado uno de los incendios más destructivos de su historia, con un saldo de 29 personas fallecidas, 150,000 evacuados y más de 5,300 viviendas y negocios afectados. Si bien la zona ha registrado importantes incendios en 1933, 1966 y 2008, el evento actual ha sido el más devastador.
Para la comunidad científica, el cambio climático no es un debate, sino una realidad incuestionable. Las predicciones pueden variar, pero la necesidad de tomar medidas urgentes es innegable. Eventos extremos como el incendio en Los Ángeles evidencian la gravedad de la crisis climática. En este contexto, la decisión de Donald Trump no sólo resulta incomprensible, sino que representa un retroceso que afecta al mundo entero.
