Sequía: la emergencia silenciosa

Con más de tres cuartas partes del territorio mexicano padeciendo una sequía anormal, el asunto está para tomarse en serio, sobre todo si se considera que en cuatro de los últimos cinco años el fenómeno ha estado presente en el país, generando consecuencias ...

Con más de tres cuartas partes del territorio mexicano padeciendo una sequía anormal, el asunto está para tomarse en serio, sobre todo si se considera que en cuatro de los últimos cinco años el fenómeno ha estado presente en el país, generando consecuencias acumuladas que se traducen en lo más evidente: una baja sensible de los almacenamientos de las presas.

Precisamente para analizar la situación y proponer alternativas que permitan enfrentarla de mejor manera, en el Colegio de Ingenieros Civiles de México se acaba de celebrar el foro Cómo Construir Resiliencia ante la Sequía, que contó con los más destacados especialistas en el tema, la mayoría miembros del Comité del Agua, quienes analizaron desde todos los ángulos la problemática. Por la importancia de este foro y la conveniencia de difundirlo, presentaré, a lo largo de varias columnas, un resumen de lo más importante que fue comentado.

La migración de los mayas, la caída y el abandono de Teotihuacan, el éxodo de Paquimé, Chih., la Independencia y la Revolución Mexicana tienen al fenómeno de la sequía como un elemento motivador de estos hechos históricos y representan ejemplos muy reveladores de los efectos sociales que pueden generarse a causa de la falta de agua.

En materia de abastecimiento de agua potable, el crecimiento poblacional, junto con la migración a las ciudades, hace que la situación sea ahora mucho más complicada, ya que pasamos de un 28% de población urbana que se tenía en 1910, a un 80% que se tiene en 2023. Debido a la creciente concentración de la demanda, la falta de agua es una realidad en muchísimas, inclusive diríamos en la mayoría de las ciudades mexicanas, sobre todo del centro y norte del país.

En lo que respecta al sector agrícola, que es el mayor consumidor de agua, los efectos de una sequía son obvios y muy significativos, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria y, con ello, el desarrollo y la estabilidad del país.

El fenómeno es tan complejo que no resulta fácil darle un enfoque genérico que contemple todas sus variantes. La primera sería la definición de una sequía meteorológica, que significaría lluvias por debajo del promedio; se considera sequía agrícola cuando la humedad del suelo no es suficiente para los cultivos y la sequía hidrológica es la que se presenta cuando el agua no es suficiente para abastecer los diferentes usos. Todas generando un impacto socioeconómico que afecta las actividades humanas.

Ya hemos comentado que la parte centro y norte de nuestro país, considerada como árida y semiárida, se encuentra en la misma latitud de los grandes desiertos del planeta, como el africano, el árabe y el hindú, donde la falta de lluvias se debe a sistemas de alta presión que deshacen las nubes, generando con ello cielos despejados y sólo la fuerza de ciclones y huracanes es lo que permite que llegue la humedad y las lluvias.

El llamado cambio climático no es lo único que ha venido a complicar la situación. Los cambios de usos de suelo con la deforestación de nuestros bosques, la ampliación de las manchas urbanas y de los pavimentos, las alteraciones de la biodiversidad, los cambios geopolíticos y la desertificación, en su conjunto, son lo que se define como Cambio Global, lo que claramente nos indica que la problemática es multifactorial y, por lo mismo, de mucha mayor complejidad.

Ésta es sólo una introducción a un tema con muchas aristas tratado en el seno del Colegio de Ingenieros Civiles de México, el cual seguiremos analizando en siguientes columnas, tanto su problemática como, lo más importante, las propuestas que se hicieron de cómo construir resiliencia.

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