Reconstrucción del agua en Acapulco

Acapulco ocupa un lugar indiscutible en la historia y el desarrollo de México. Durante el siglo XX, especialmente entre las décadas de 1950 y 1970, se consolidó como un destino turístico de renombre internacional. Antes del paso del huracán Otis, que, como sabemos, ...

Acapulco ocupa un lugar indiscutible en la historia y el desarrollo de México. Durante el siglo XX, especialmente entre las décadas de 1950 y 1970, se consolidó como un destino turístico de renombre internacional. Antes del paso del huracán Otis, que, como sabemos, devastó la ciudad, Acapulco contaba con cerca de 250 hoteles y una oferta de 21,560 habitaciones, además de, aproximadamente, 10,000 condominios turísticos, ocupados principalmente por visitantes nacionales.

A un año del desastre, los daños aún son evidentes. Basta recorrer la ciudad para constatar la magnitud de la destrucción visible, pero también es crucial reconocer los daños menos perceptibles, como los que afectan la infraestructura de agua potable, drenaje y saneamiento.

Acapulco no sólo necesita una reconstrucción que restituya lo perdido, sino una transformación profunda. En el caso de los servicios de hídricos, no basta con volver al estado previo al huracán. Es necesario ir más allá y convertir su organismo operador, Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Acapulco (CAPAMA), en uno de los mejores del país. Esto no sólo beneficiaría a la ciudad, sino que representaría una necesidad estratégica para México. Para lograrlo será imprescindible no sólo una fuerte inversión en infraestructura, sino también una reingeniería de los sistemas comerciales y administrativos del organismo.

Incluso antes del huracán, los servicios hídricos de Acapulco enfrentaban una crisis profunda. La infraestructura era deficiente, la gestión administrativa ineficiente y las condiciones financieras de CAPAMA estaban entre las peores del país. Resulta paradójico que una ciudad con la importancia y el potencial de Acapulco tuviera un desempeño tan precario. Para dimensionarlo, basta un dato: mientras que la eficiencia global promedio de los organismos operadores de agua en México es del 53%, CAPAMA tenía, antes de Otis, una eficiencia de apenas 24 por ciento. Acapulco obtiene la mayor parte de su agua potable del río Papagayo, a través de tres captaciones: Papagayo I, construido en 1967, con una capacidad de diseño de mil litros por segundo; Papagayo II, construido en 1970, con capacidad de dos mil litros por segundo; y Lomas de Chapultepec, construido en 2012, con una capacidad de diseño de mil 250 litros por segundo. En conjunto, estas fuentes aportan el 93% del agua que consume la ciudad. La segunda fuente de abastecimiento son los pozos de El Quemado y Pedregoso, con una capacidad de 320 litros por segundo.

El principal problema es que su fuente de abastecimiento más importante, Papagayo II, extrae agua directa del río. Durante la temporada de lluvias, el agua del río se vuelve extremadamente turbia, lo que provoca graves dificultades en el suministro. Cuando la turbidez supera los dos mil 900 UNT (Unidad Nefelométrica de Turbidez), el agua no puede ser bombeada debido al daño acelerado que sufre el equipo de bombeo. Cuando la turbidez es moderada, el agua se envía a la planta potabilizadora Cayaco, ubicada dentro de la ciudad. Sin embargo, esta instalación presenta fallas constantes y serias deficiencias operativas, además de registrar un desperdicio del 30% del agua tratada debido a los procesos de retrolavado.

En consecuencia, durante los cuatro meses de la temporada de lluvias, Acapulco enfrenta restricciones en su principal fuente de abastecimiento, la cual suministra el 44% del agua de la ciudad, lo que se suma al ya de por sí deficiente servicio.

En próximos artículos profundizaremos en la problemática hídrica de Acapulco, analizaremos las acciones necesarias y comentaremos sobre el pertinente anuncio de la Comisión Nacional del Agua de invertir 1,800 millones de pesos para mejorar la infraestructura de agua, drenaje y saneamiento de la ciudad.

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