Pues sí nos llovió algo en 2022, pero… (III)

Necesitaríamos un 2023 con lluvias abundantes

El 2022 fue un año insigne en materia de la conciencia social en torno al agua. Monterrey, una de las ciudades más importantes del país, enfrenta una crisis de desabasto que no se había presentado en los últimos 35 años. Los servicios de agua en Monterrey eran de excelencia, con un servicio las 24 horas del día y, de pronto, enfrentan un problema grave, ni más ni menos, que de suministro del líquido vital. En lo que habría que reflexionar es que las complicaciones del país en torno al agua son una realidad, más allá de un pronóstico pesimista que han vertido los especialistas.

Pero el problema no se originó en 2022, éste viene de los años 2018, 2019 y 2021, que tuvieron lluvias por debajo de lo normal, pero que en 2022 se pagaron las consecuencias, sumado, además, a una baja precipitación en el año.

Lo deseable hubiera sido que el año pasado se presentaran copiosas lluvias que permitieran recuperar el nivel del agua de las presas, pero esto no sucedió. La naturaleza no se comporta con base en las necesidades, al contrario, hay elementos suficientes para afirmar que el llamado cambio climático está complicando aún más las cosas, al volver extremos aspectos como es este caso de las sequías.

Los datos son contundentes, a pesar de que llovió —algo— a finales de 2022, ni con mucho fue lo suficiente como para estar en una situación medianamente aceptable. Comparando la situación de 2022 con este inicio de 2023, tenemos: mientras que para el 31 de enero del año pasado el 54% del territorio del país se encontraba con una sequía anormal, para la misma fecha de este 2023, el porcentaje incrementó a un 82 por ciento.

En el caso de los municipios afectados por la sequía, para el 31 de enero de 2022 se tenían 199 bajo una sequía moderada, severa o extrema, mientras que para este 2023 se tienen 1,106 municipios bajo esa condición. Una situación mucho más grave.

Por otro lado, sobre el tema del abastecimiento de agua a ciudades importantes, como la Zona Metropolitana de Monterrey, mientras que para el 31 de enero de 2022 las presas Cuchillo, La Boca y Cerro Prieto almacenaban 673 millones de metros cúbicos (Mm3), para la misma fecha de 2023 el almacenamiento es de 611 millones; en el caso del Sistema Cutzamala, que abastece al Valle de México, en enero del año pasado se tenían almacenados 527 Mm3, en este 2023 el almacenamiento de las presas alcanza los 424 Mm3. Cifras de las más bajas registradas.

Necesitaríamos un año 2023 con lluvias abundantes, pero los pronósticos de los especialistas no lo indican así. Aunque está por terminar el fenómeno de La Niña, que se manifiesta como anomalías de temperaturas de mar por debajo de lo normal y que provocó la sequía que padecimos, ahora está por entrar a finales de verano una fase de El Niño, lo que implicaría que la temporada de ciclones tropicales en el Pacífico se activaría, pero no lo suficiente, ya que, conforme a los pronósticos, se espera un año seco en el noroeste del país, con pocas lluvias en el noreste y sureste, y con lluvias normales en el centro y sur.

El día de hoy, 10 de enero, se va a presentar en el Colegio de Ingenieros Civiles de México un muy importante foro denominado Cómo Construir Resiliencia ante la Sequía, con destacados especialistas que abordarán temas como la sequía en las ciudades, el panorama de la agricultura ante la sequía, los pronósticos meteorológicos y el caso del río Colorado, entre otros asuntos vitales para entender el problema y sus posibles soluciones. Lo conveniente sería que este foro genere consecuencias positivas y se atiendan las recomendaciones... antes de que el futuro nos acabe de alcanzar.

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