Primero Otis, ahora John: pobre Acapulco (II)

Es sumamente lamentable que John haya llegado justo cuando apenas comenzaba la recuperación de los devastadores efectosdelhuracán Otis.

El balance entre los beneficios y perjuicios que los ciclones tropicales traen a nuestro país es un tema que merece reflexionar, sobre todo después del fuerte impacto negativo que Acapulco ha sufrido debido a estos fenómenos naturales.

En cuanto a los beneficios, tenemos un ejemplo reciente muy claro con Monterrey. Como es bien sabido, la capital regiomontana atravesó una crisis de agua que se intensificó a mediados de 2022, cuando el norte de México enfrentó una sequía extrema. Esta crisis hídrica, considerada la peor en 30 años, se prolongó hasta mediados de 2024, cuando las principales fuentes de abastecimiento —las presas La Boca, Cerro Prieto y El Cuchillo— alcanzaron niveles mínimos.

Sin embargo, la situación cambió con la llegada del huracán Alberto, que impactó México en junio de 2024, aportando lluvias intensas tanto a Tamaulipas como a Nuevo León. Gracias a este huracán, la presa La Boca, que había alcanzado sólo el 33% de su capacidad, llegó al 109%; la presa Cerro Prieto, que había caído a un preocupante 5%, se llenó al 115%, y la presa El Cuchillo pasó del 31% al 97 por ciento. Con esta recuperación, el suministro de agua en Monterrey quedó completamente asegurado.

En contraste, al observar los almacenamientos de las principales presas del norponiente del país (donde el 23% del territorio enfrenta sequía debido a la falta de huracanes), se tienen datos preocupantes, por ejemplo: la presa Álvaro Obregón, en Sonora, está al 20% de su capacidad; las presas Miguel Hidalgo y El Comedero, en Sinaloa, al 22% y 30%, respectivamente, y las presas La Boquilla y Las Vírgenes, en Chihuahua, se encuentran al 16% y 12%, respectivamente. Esta situación ha puesto en crisis principalmente a la agricultura de estos estados, reduciendo sus áreas de cultivo al mínimo.

Regresando a Acapulco, es sumamente lamentable que el huracán John haya llegado justo cuando apenas comenzaba la recuperación de los devastadores efectos del huracán Otis, que impactó hace sólo un año. Si bien el desarrollo urbano se ha extendido en áreas que históricamente eran llanuras con inundaciones recurrentes, estas zonas no han perdido su vocación de retener el agua en tanto los desagües naturales permitan el desalojo de los volúmenes precipitados ante lluvias extraordinarias.

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Los daños causados por el huracán Alberto fueron cuantiosos y dolorosos. Acapulco merece medidas preventivas y correctivas que mitiguen los efectos negativos cuando estos fenómenos naturales vuelvan a presentarse. Es necesario un plan integral de manejo de cuencas, la ampliación de los sistemas de drenaje, la construcción de muros de contención para reducir los desbordamientos, reforestación y manejo de suelos que ayuden a absorber parte de las lluvias intensas. Además, debemos mejorar los planes de alerta temprana para facilitar evacuaciones organizadas y la rápida movilización de recursos de emergencia, evitando así la pérdida de vidas humanas.

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