Otis: resultado de una ecuación de aritmética simple
Es curioso cómo manejamos los verbos poder y deber… muchísimas veces los utilizamos inadecuadamente; por ejemplo, “no puedes pasarte el semáforo en rojo”, cuando, claramente, sí puedes, es muy diferente a decir “no deberías pasarte el semáforo en rojo”. Este ...
Es curioso cómo manejamos los verbos poder y deber… muchísimas veces los utilizamos inadecuadamente; por ejemplo, “no puedes pasarte el semáforo en rojo”, cuando, claramente, sí puedes, es muy diferente a decir “no deberías pasarte el semáforo en rojo”. Este comentario puede considerarse intranscendente, pero es un ejemplo muy sencillo que busca invitar a reflexionar sobre eventos que no deberían, pero pueden suceder y que, en el caso de problemas como Acapulco, no tomamos todas las previsiones, porque, por su altísimo impacto, de inmediato lo consideramos exagerado y lo descartamos. En el imaginario colectivo se consideran como imposibles: “Eso no puede pasar…”.
Mucho se ha comentado ya sobre el huracán Otis, registrado como el más fuerte y destructivo que ha afectado a la República Mexicana en el océano Pacífico. Un meteoro causado por la combinación del fenómeno de El Niño —que, como sabemos, es un evento climático que se genera cada tres a siete años por el calentamiento del océano Pacífico y que puede tener una intensidad variable—, con un mayor calentamiento de los océanos por efecto del cambio climático. Es significativo señalar que en junio de este año se presentaron las más altas temperaturas globales de la superficie marina registradas en 174 años.
Se desencadenan así condiciones para que, fuera de todo pronóstico, un fenómeno considerado como tormenta tropical, en menos de 12 horas, se transforme en un destructivo huracán categoría 5. Ya cuando sucede suena lógico, como una ecuación de aritmética simple: tormenta tropical + fenómeno de El Niño + cambio climático = huracán de alta intensidad.
Se supone que no es muy común, incluso llama la atención que los propios especialistas digan que una rápida intensificación como la registrada con Otis es poco frecuente y extremadamente difícil de pronosticar. Sí, algo que es difícil que suceda, pero que puede suceder. Se tendrán ahora que ajustar los modelos predictivos por parte de los meteorólogos y, por supuesto, por parte de las áreas de protección civil será necesario reforzar los protocolos de prevención y atención.
Es muy lamentable lo que se está viviendo y habría que hacer notar la mala suerte de que, precisamente, el ojo del huracán pase por una ciudad tan importante como Acapulco, con tanta población humilde viviendo en zonas vulnerables, con tantos edificios de gran tamaño dando frente del mar. Nos pega el fenómeno más devastador justamente donde puede generar mayor daño.
¿Qué nos resta? Por un lado, dar la mejor respuesta como país en su conjunto, gobierno y sociedad, aplicando toda nuestra solidaridad y apoyando en todo lo posible a la reconstrucción de una ciudad con casi un millón de habitantes, cuya principal fuente de ingresos quedó destruida, porque el daño se genera no sólo a viviendas, sino también a la infraestructura productiva generadora de empleo y riqueza de este internacional destino turístico.
Y, por otro lado, siendo éste el objetivo de esta columna, debemos reflexionar acerca de que algo catastrófico sí puede suceder y sólo se trata de que se combinen algunos factores para ello. En el caso del agua, mucho hemos abordado la problemática que tenemos y que se expone con una ecuación: crecimiento de población + falta de inversiones + sobreexplotación de fuentes + infraestructura deficiente + falta de mantenimiento + inapropiado marco legal + inadecuado modelo de gestión + improvisación + politización de las decisiones + tarifas insuficientes + cambio climático + sequía = crisis nacional hídrica.
- No debería, pero es aritmética simple, sí puede y va a pasar tarde o temprano si no tomamos a tiempo las medidas para la solución de una clara crisis en gestación. Además de una mayor intervención gubernamental, se requiere también de una mayor y propositiva participación ciudadana.
