Las lluvias y las consecuentes inundaciones urbanas
En estos días se ha presentado una depresión tropical en el centro del país y, en consecuencia, ha generado fuertes problemas y afectaciones en el Valle de México, Cuernavaca, Toluca, Puebla, Morelia… y es que prácticamente todas las ciudades, ante las lluvias, son ...
En estos días se ha presentado una depresión tropical en el centro del país y, en consecuencia, ha generado fuertes problemas y afectaciones en el Valle de México, Cuernavaca, Toluca, Puebla, Morelia… y es que prácticamente todas las ciudades, ante las lluvias, son muy vulnerables en materia de inundaciones y encharcamientos.
Con tantos problemas provocados por estos fenómenos meteorológicos, resulta interesante analizar si esta depresión tropical, cuando menos, ha tenido algún efecto positivo y notorio en las presas que nos abastecen. Los resultados correspondientes no son nada halagüeños: las tres presas más importantes del sistema Cutzamala (Valle de Bravo, Villa Victoria y El Bosque) tenían para el 11 de julio un almacenamiento de 220.8 millones de metros cúbicos (Mm3), un 28.2% de su capacidad de almacenamiento, después de 14 días de lluvias, para ayer, 25 de julio, el almacenamiento de las presas alcanzó 246.7 Mm3, un 31.5% de su capacidad.
Se lograron incrementos de tan sólo 25.9 Mm3 y un mínimo en el almacenamiento de las presas del 3.3 por ciento. A pesar de tantas afectaciones, esta depresión tropical no nos aporta una recuperación significativa de nuestras presas, lo que nos confirma lo mencionado en anteriores columnas: para poder abastecer nuestras ciudades y el campo, especialmente en el centro y norte del país, necesitamos de las tormentas tropicales y los huracanes, que son fenómenos mucho más intensos.
Si en realidad las recientes lluvias no han sido tan importantes, ¿por qué tantos problemas, afectaciones e inundaciones en nuestras ciudades?
Se trata de una suma de factores. El primero de ellos es la muy significativa diferencia entre la cantidad de agua que puede conducir un arroyo en temporada de estiaje y el agua que conduce ante lluvias normales o extraordinarias. Estos pequeños arroyos urbanos pueden estar secos durante meses y, en otros, conducir mínimas cantidades de agua, que ante ojos inexpertos se ven inofensivos, pero con lluvias extraordinarias, debido a sus pequeñas dimensiones, fácilmente se desbordan. A este fenómeno tendríamos que sumarle el estrangulamiento a los que se someten por la construcción de puentes o abovedamientos de mínimas dimensiones al cruzar las ciudades. Puede afirmarse que prácticamente ninguna ciudad está libre de los problemas que se generan por la reducción de las áreas hidráulicas requeridas por los cauces urbanos.
Un segundo factor es el crecimiento de la mancha urbana, que conlleva a la pavimentación extensiva de áreas que antes absorbían agua. Esto incrementa la escorrentía superficial durante las lluvias, llevando rápidamente el agua a las partes bajas, donde los drenajes son insuficientes ante la cantidad de agua, causando desbordamientos y, con ello, inundaciones. Además de una menor retención e infiltración, los tiempos de concentración se reducen significativamente, es decir, el tiempo que se tarda el agua en llegar a las partes bajas debido a la pavimentación es mucho más corto.
Adicionalmente, el calentamiento global está alterando los patrones de lluvia, intensificando las precipitaciones, lo que nos lleva a eventos de lluvia más intensos y menos predecibles, aumentando los escurrimientos y, con ello, el riesgo de inundaciones. El problema se complica aún más si consideramos que muchas ciudades tienen sistemas de drenaje diseñados hace décadas para condiciones climáticas menos extremas y para una menor densidad poblacional. Esta intensificación de las lluvias y, con ello, de los escurrimientos, supera fácilmente la capacidad de los sistemas de drenaje, provocando inundaciones.
Las afectaciones e inundaciones que padecemos durante la temporada de lluvias en nuestras ciudades no aparentan tener una solución sencilla, se requerirían muy cuantiosos recursos para resolverlas, de los que no disponemos. Todo parece indicar que tendremos que seguir conviviendo con estas situaciones y lo único que nos resta es la prevención y tomar precauciones.
