La sustentabilidad del servicio de agua… ¿reto imposible?

Lograr la sustentabilidad de los servicios de agua es un tema muy complejo, sobre todo cuando se trata de abastecer a grandes ciudades que se encuentran ya con estrés hídrico. Una sola acción no basta, se requiere de la implementación de muchísimas que se mantengan a ...

Lograr la sustentabilidad de los servicios de agua es un tema muy complejo, sobre todo cuando se trata de abastecer a grandes ciudades que se encuentran ya con estrés hídrico. Una sola acción no basta, se requiere de la implementación de muchísimas que se mantengan a largo plazo y logren que finalmente, en su conjunto, se pueda alcanzar la prácticamente imposible meta.

Hemos comentado que el tema se resuelve con una ecuación aparentemente simple, oferta = demanda, pero que implica numerosas acciones para atender cada uno de los miembros de esta sencilla igualdad matemática.

En el caso de controlar la demanda, un componente vital es bajar el consumo. Por tanto, se requiere tomar la decisión de cobrar a la gente lo justo por el agua que utilice, subsidiar sólo los volúmenes que atienden las necesidades básicas de aseo, limpieza, bebida y preparación de alimentos, y cobrar sin subsidio, a costo real, los consumos relacionados con el mal uso, los malos hábitos y/o el desperdicio. Para ello se requiere invertir en medidores domiciliarios y de una estructura tarifaria adecuada —que preferentemente clasifique a los usuarios por sectores socioeconómicos—, además de implementar acciones de cobranza efectivas. Ésta es tal vez la medida que puede reflejar mejores resultados y a corto plazo, sin embargo, no todos los políticos aceptan implementarla.

Otro acto relacionado al control de la demanda es la eliminación de fugas en las redes de distribución. Este tema parecería sencillo, pero es técnicamente complejo, costoso y requiere de tiempo y dedicación, además de generar molestias a la ciudadanía durante su implementación. Se trata de una acción que podríamos evaluar con resultados a mediano plazo.

En el tema de incrementar la oferta, la situación se pone mucho más compleja, ya que se trata de acciones a largo plazo, de elevados costos y de baja rentabilidad política (por lo que le hemos venido dando la vuelta durante décadas).

En teoría, deberíamos empezar con lo básico: el cuidado y la conservación de la cuenca; existe información de que, entre los incendios forestales, la urbanización y la tala ilegal de árboles, en nuestro país se pierden anualmente, en promedio, 136,000 hectáreas de bosque, según el informe Estado de los Bosques del Mundo 2020, de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), aunque algunas notas periodísticas hablan de hasta un millón (¡!).

Ante este deterioro y pérdida de áreas boscosas, se vuelve fundamental incrementar acciones para lograr la reforestación de las cuencas, ya que lo menos que deberíamos hacer es garantizar que nuestras fuentes de abasto se conserven y, por ejemplo, que un gran acueducto, como Cutzamala, conserve su capacidad de suministrar el agua al Valle de México.

Es evidente que la reforestación es muy importante, ya que es la que nos permite, cuando menos, mantener vigentes las fuentes de abastecimiento actuales, donde ya tenemos inversiones significativas en infraestructura construida. Es fundamental para: (i) proteger el suelo, ya que las raíces de los árboles y otras plantas ayudan a retenerlo. Asimismo, la hojarasca que se acumula en el suelo protege contra la lluvia y el viento, evitando que el suelo se erosione; (ii) regular el ciclo hidrológico, al permitir aminorar la velocidad del flujo de agua a las partes bajas, con lo que una parte del agua es absorbida por las raíces de los árboles y las plantas, otra se evapora y otra puede filtrarse hacia el subsuelo; (iv) a restaurar la biodiversidad al proporcionar hábitats para muchas especies de animales y plantas, algunas de las cuales pueden ser endémicas o estar en peligro de extinción.

Circula información de un reciente estudio de la calificadora Standard & Poor’s, donde se señala que para el año 2050 al menos 11 estados de la República Mexicana no tendrán agua suficiente para satisfacer la demanda de su población. Habría que analizar cuidadosamente esta investigación, pero así, de bote pronto y bajo la tendencia que observamos, el pronóstico no parece muy alejado de una previsible realidad.

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