La sustentabilidad del servicio de agua… ¿reto imposible? (II)
No es un asunto coyuntural, donde se presente una serie de acontecimientos, totalmente aleatorios cada uno, pero que al combinarse generen la “tormenta perfecta” o, mejor dicho para nuestro caso, la “sequía perfecta”. Los problemas por falta de agua que se han ...
No es un asunto coyuntural, donde se presente una serie de acontecimientos, totalmente aleatorios cada uno, pero que al combinarse generen la “tormenta perfecta” o, mejor dicho para nuestro caso, la “sequía perfecta”. Los problemas por falta de agua que se han manifestado en el país desde el año pasado y que no dejan de ser motivo recurrente de notas periodísticas son el reflejo de una tendencia, prácticamente irreversible, en materia del deterioro a la sostenibilidad ambiental que afecta, no sólo el abasto de agua al sector público urbano, sino también a la agricultura y la industria.
El problema es creciente por varios factores, el primero es el aumento de la población en México, que pasó de 25.8 millones de habitantes en 1950 a 126.7 millones en el 2020, lo que significa mayor cantidad de agua para satisfacer las necesidades de consumo directo de la población, más el indirecto, que es el agua que consumimos vía los alimentos y servicios.
En lo que se refiere a la disponibilidad de agua per cápita, la disminución es muy significativa, al pasar de 17,742 m³ /habitante/año que se tenían en 1950 a 3,663 para el año 2020, que es prácticamente un reflejo del crecimiento poblacional, pero que, de alguna forma, nos hace ver la necesidad de dar una mucho mayor atención al tema del agua.
En la columna anterior comentamos sobre la necesidad de racionalizar nuestro consumo e incrementar la eficiencia en el uso del agua como un factor fundamental para avanzar hacia la sustentabilidad del servicio, pero otro igual de importante es el conservar la oferta de agua con la que ya contamos. Abordamos la necesidad de cuidar y conservar nuestras cuencas, incrementando las acciones de reforestación, buscando garantizar que nuestras fuentes de abasto se conserven, teniendo como antecedente que, entre los incendios forestales, la urbanización y la tala ilegal de árboles, en nuestro país se pierden de manera anual, cuando menos, 136,000 hectáreas de bosque.
Y, hablando de conservar la oferta de agua con la que ya contamos, resulta indispensable encontrar soluciones al problema de la sobreexplotación de los acuíferos, que viene avanzando poco a poco, pero sostenidamente. Basta analizar los siguientes datos: conforme a información de la Conagua, en el país se cuenta con 653 acuíferos, de los cuales los 111 ubicados en las zonas poblacionales y agrícolas más importantes del país están siendo sobreexplotados, 32 tienen suelos salinos o agua salobre y 18 tienen intrusión salina.
Sabemos que, para estos acuíferos con problemas, sólo es cuestión de tiempo para que ya no puedan dotar de la misma cantidad de agua a la población y que se agotarán tarde o temprano. Los primeros que tendrán muy serios problemas son esos 18 acuíferos costeros, donde a la sobreexplotación, hecho grave de por sí, se le suma la intrusión de agua de mar que los va contaminando. La mayor preocupación se tiene para La Paz, siguiendo los casos de Ensenada y San Quintín, en Baja Californis; Puerto Peñasco, la costa de Hermosillo y el Valle de Guaymas, en Sonora, y algunas zonas de la Península de Yucatán. Por su parte, los 32 que tienen la presencia de aguas subterráneas salobres se ubican principalmente en el centro-norte de México, donde se incrementa la contaminación y, con ello, se altera el abasto para las poblaciones y las zonas agrícolas.
El no lograr conservar nuestros acuíferos puede tener un gravísimo efecto para el país, ya que se estima que, del total del agua que consumimos, un 40.3% proviene de aguas subterráneas. Algunos acuíferos, sin duda, dejarán de podernos abastecer, en máximo, unos 10 años, otros podrían tardarse 50 años para tener graves problemas. De cualquier forma, es muy poco tiempo para sentenciar la sostenibilidad de nuestras ciudades y de muchas regiones del campo mexicano.
