La Secretaría del Agua: un regreso indispensable al pasado
Comentábamos en la anterior columna sobre la necesidad de dar un pequeño, pero gran paso, cambiando al organismo descentralizado responsable de la administración y gestión del agua en México, la Comisión Nacional del Agua, transformándolo en una Secretaría de ...
Comentábamos en la anterior columna sobre la necesidad de dar un pequeño, pero gran paso, cambiando al organismo descentralizado responsable de la administración y gestión del agua en México, la Comisión Nacional del Agua, transformándolo en una Secretaría de Estado, que representaría un mayor nivel, así como mayor capacidad de gestión y de concertación con los diferentes actores nacionales en el tema del agua. Esto resulta indispensable, sobre todo para un país como el nuestro donde el agua es un recurso escaso, sobreexplotado y vital para la producción agrícola, ganadera, para la salud y el bienestar de millones de personas, y que además un 67% de su territorio está catalogado como árido y semiárido.
El tema de la administración del agua en nuestro país ha estado sujeto a diferentes criterios, se ha considerado como algo fundamental para la producción agrícola y ganadera, al igual que para el medio ambiente. Sin embargo, se debe reflexionar sobre la conveniencia de que, como ya ha sucedido, transite por su propia ruta, su propia capacidad de gestión, con una autonomía que le permita implementar con certeza y agilidad los programas y las políticas públicas necesarias.
Por ello es interesante explorar cómo hemos tenido épocas donde al agua se le ha dado un primer nivel en la administración pública y otras donde se ha sectorizado como un apéndice de otro sector. Ésta sería una breve reseña histórica:
Luego del triunfo de la Revolución y de la promulgación de la Constitución de 1917, con el gobierno de Venustiano Carranza se creó la Secretaría de Agricultura y Fomento que se encargaría, entre otras tareas, de la cuestión agraria y de administrar las aguas nacionales. En enero de 1926, Plutarco Elías Calles instituyó a la Comisión Nacional de Irrigación, misma que se extinguió 20 años después, en 1946, cuando el gobierno del presidente Miguel Alemán creó a la Secretaría de Recursos Hidráulicos (SRH) como una dependencia autónoma que se ocuparía de todo lo relacionado con el agua: riego, agua potable, usos industriales, control de inundaciones; con esto, se fusionó a la Comisión Nacional de Irrigación, a la Dirección de Agua Potable de la Secretaría de Salubridad, a la Dirección de Defensa Contra Inundaciones de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas y, en general, a todas las dependencias con funciones y atribuciones para administrar el agua.
Con José López Portillo, en 1976 se fusionaron a las Secretarías de Recursos Hidráulicos y de Agricultura y Ganadería para formar la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH), dando con ello una clara prioridad gubernamental para la atención de los problemas del campo, pero teniendo como consecuencia un retroceso en la planeación hídrica y en la administración del agua. Al asumir Carlos Salinas de Gortari la Presidencia de la República se consideró necesario dar un mayor impulso al sector agua, instituyendo en enero de 1989 a la Comisión Nacional del Agua (Conagua) como un órgano desconcentrado de la SARH. Finalmente, en 1994, con los ajustes a la organización del gobierno federal, se ubicó a la Conagua como un órgano desconcentrado de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).
Sin duda, las mejores condiciones para alcanzar una eficiente gestión gubernamental se tienen cuando se trata de una Secretaría de Estado con todas sus atribuciones y facultades. No es sólo cambiarle el nombre, la gran diferencia es la jerarquía, ya que un desconcentrado implica una subordinación inconveniente para un sector tan relevante. Ya sea con el nombre de Secretaría del Agua o Secretaría de Recursos Hidráulicos, es necesario un regreso al pasado y con ello a las mejores épocas del sector agua en México.
