No toda el agua que consumimos es la que ocupamos en actividades de aseo, limpieza o preparación de alimentos. De hecho, la mayor parte de nuestro consumo lo hacemos de manera indirecta y es el agua que se encuentra, de manera invisible, en los productos y servicios que a diario utilizamos.
El concepto de huella hídrica nació en el año 2002, en la Universidad de Twente, en Holanda, y nos hace reflexionar sobre la importancia que tiene el agua no sólo para la existencia de la vida en el planeta, sino que también en nuestro bienestar, ya que prácticamente todo lo que utilizamos requiere de agua para producirse. La huella hídrica es un indicador de toda el agua que utilizamos y que abarca dos componentes principales, nuestro consumo de agua directo y el agua virtual que, aunque no está presente en el producto final, es la cantidad total de agua que se requiere para generarlo y que incluye el agua utilizada durante el cultivo, el crecimiento, procesamiento, la fabricación, el transporte y su venta.
La huella hídrica considera el lugar de donde proviene el agua y la clasifica en tres tipos. El Agua Azul se refiere a la que se encuentra en los cuerpos de agua superficial y subterránea; el Agua Verde es la de lluvia almacenada en el suelo como humedad, ocupada durante el flujo de la evapotranspiración del suelo que se utiliza en agricultura y producción forestal, y el Agua Gris, que es el agua contaminada durante un proceso y se refiere a la cantidad de agua dulce necesaria para asimilar la carga de contaminantes dadas. La suma del agua verde, el agua azul y el agua gris que requiere un producto o servicio dentro de todo el proceso de elaboración será su huella hídrica.
Veamos un ejemplo: para obtener 1 kilo de tela de algodón se requieren 10,800 litros, de esa cantidad, 45% representa el agua para riego consumida por la planta; 41% es agua de lluvia que se evapora del campo de cultivo durante el periodo de crecimiento; 14% es la necesaria para diluir el agua residual que resulta del uso de fertilizantes en el campo y de sustancias químicas; para el blanqueamiento de la tela se requieren aproximadamente 30 mil litros de agua por tonelada de algodón y, para su teñido, 140 mil litros por tonelada. Con esto, una playera de algodón, con un peso aproximado de 250 gramos, tiene una huella hídrica de 2,700 litros.
Así es como, para producir un kilo de carne, se requieren 15 mil litros de agua; un litro de leche, 160; una hamburguesa con 150 gr. de carne necesita de mil litros; un kilo de chocolate, 17 mil; un kilo de arroz, 2.5 mil litros; un kilo de queso, 3 mil; cada litro de cerveza necesita aproximadamente 155 litros de agua para su elaboración. Un pantalón de mezclilla requiere de 7.5 mil litros de agua; un par de zapatos de cuero, 15 mil litros; un auto compacto necesita alrededor de 450 mil litros de agua y cada vez que llena el tanque de gasolina de 60 litros, a la huella hídrica se le suman otros 11 mil litros.
La huella hídrica en México es de 5,420 litros, en promedio, por persona al día, una cifra realmente alta y arriba del promedio mundial, que es de 3,780, pero por debajo de países como Estados Unidos, cuya huella hídrica es de 7,800 L/día o de España, que es de 6,700 L/día.
El problema es que nuestra huella hídrica viene creciendo. Se estima que en los siguientes 30 años podrá incrementarse entre un 25% a 40%, por lo que deberíamos tomar medidas, ya que, con esta tendencia, para 2050, uno de cada dos habitantes en el mundo podrá sufrir por escasez de agua, generada por un consumo excesivo, directo e indirecto, del agua.
