El destino nos alcanzó en el Cutzamala... ¿qué sigue?

El huracán Otis, más que cualquier otro fenómeno natural, dejó en claro el inmediato impacto que pueden provocar algunos fenómenos meteorológicos, particularmente las tormentas tropicales y huracanes, que, aunque en un balance aportan muchos más beneficios por el ...

El huracán Otis, más que cualquier otro fenómeno natural, dejó en claro el inmediato impacto que pueden provocar algunos fenómenos meteorológicos, particularmente las tormentas tropicales y huracanes, que, aunque en un balance aportan muchos más beneficios por el agua que precipitan que por los daños que provocan, está claro que Otis fue una notoria excepción: nos pegó el huracán más potente justo en la zona donde podría generar mayor afectación.

Tenemos fenómenos climatológicos que avanzan a otra velocidad, pero cuyos efectos pueden ser altamente dañinos, como es el caso de la sequía. Durante febrero y marzo pasado se publicó en esta columna una serie de tres artículos denominados “Sequía: la emergencia silenciosa”, donde se exponía la problemática creciente de la falta de lluvias en el país, que iba avanzando sin percatarnos de la gravedad de lo que se estaba gestando. A esta fecha, ya es el tercer año consecutivo de bajas precipitaciones en México.

Pues bien, el destino nos alcanzó y justo cuando terminó la temporada de lluvias, cuando, supuestamente, los almacenamientos de las presas deberían estar arriba, nos encontramos en una circunstancia crítica. Conforme a datos de la Conagua, un 17% del país está con sequía moderada, pero un 42% adicional está con sequía extrema. Un problema creciente que ahora nos pone en una grave situación, tanto en el tema agrícola como en el abastecimiento de muchas ciudades que dependen de fuentes superficiales, como presas, lagos, lagunas y/o ríos.

Los datos del almacenamiento de nuestras principales 210 presas reflejan la crítica situación: 48 tienen almacenamiento por arriba del 75% de su capacidad, otras 48 están entre el 50% y el 75%, mientras que 114 presas están por abajo del 50% cuando acaba de terminar la temporada de lluvias. Resulta obvio que los problemas de falta de agua están presentes en muchas zonas del país, pero entre todas ellas es de destacar la situación de las presas del Sistema Cutzamala, que abastecen el Valle de México y de cuya agua dependen millones de personas que podrán verse severamente afectadas en su calidad de vida.

El conjunto de presas del sistema, donde destacan Valle de Bravo, El Bosque y Villa Victoria, tiene una capacidad de almacenamiento, totalmente llenas, de 782.521 millones de metros cúbicos (Mm3). Conforme a las estadísticas, se esperaría que a principios de este mes de noviembre contaran con 661.7 Mm3 almacenados, es decir, encontrarse a un 85% de su capacidad; sin embargo, el almacenamiento actual es del orden de 311.211 Mm3, por lo tanto, están al 40%, a menos de la mitad de lo que se esperaría contar para esta época del año.

Pero, analizando a mayor detalle, la situación está peor que las anteriores cifras, ya que debe considerarse que estas presas cuentan con un nivel mínimo de operación de 155 Mm3, reservado para azolves, lo que significa que no disponemos de 311 Mm3, sino realmente sólo de 156 Mm3. Haciendo cuentas, en realidad tenemos sólo 30.7% del agua que, en promedio, se esperaría para esta época del año.

Sí, se han publicado algunas notas periodísticas, incluso en primera plana, sobre esta situación, pero la gravedad de la misma no está en el colectivo ciudadano, ya que, como estamos en época invernal, la demanda de agua disminuye, el servicio no se ha afectado mucho y todavía no se sienten los efectos del recorte que han determinado, obligadamente, las autoridades. Pero entrando la época de calor, allá por el mes de abril del próximo año, millones de personas en el Valle de México padecerán por falta de agua. Las preguntas son: ¿qué sigue?, ¿cómo enfrentaremos el problema?, ¿qué podemos hacer?

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