El destino nos alcanzó en el Cutzamala... ¿qué sigue? (II)
La falta de inversiones suficientes en infraestructura hidráulica, que por décadas se ha tenido en el país, empieza a cobrar la factura. En el caso de Monterrey, la cancelación en el año 2017 del proyecto Monterrey VI, que llevaría a la capital regiomontana agua del ...
La falta de inversiones suficientes en infraestructura hidráulica, que por décadas se ha tenido en el país, empieza a cobrar la factura. En el caso de Monterrey, la cancelación en el año 2017 del proyecto Monterrey VI, que llevaría a la capital regiomontana agua del río Pánuco, tuvo como consecuencia la crisis que se vive en la ciudad.
- Con el problema que se vive en Monterrey por la falta de agua en las presas Cerro Prieto y La Boca, junto con los niveles históricamente más bajos del Sistema Cutzamala, que abastece el Valle de México, la naturaleza, en un lapso de tiempo muy corto, nos pone de frente con una realidad en materia de abastecimiento de agua potable, que sería muy positivo tomar nota: no deberíamos estar al límite de fuentes de abasto de las ciudades, sobre todo si reciben agua de fuentes superficiales que dependen de las lluvias para poder suministrar el vital líquido.
- La falta de inversiones suficientes en infraestructura hidráulica, que por décadas se ha tenido en el país, empieza a cobrar la factura. En el caso de Monterrey, la cancelación en el año 2017 del proyecto Monterrey VI, que llevaría a la capital regiomontana agua del río Pánuco, tuvo como consecuencia la crisis que se vive en la ciudad y que apenas viene a mitigarse, en parte, con la construcción del acueducto El Cuchillo II.
En el caso del Valle de México, desde 1994 —cuando se puso en funcionamiento la tercera etapa del Sistema Cutzamala— no se ha invertido en la construcción de una nueva fuente de abastecimiento y estamos hablando de que ya pasaron casi 30 años, donde se ha tenido un incremento poblacional de unos 7 millones de personas.
Claramente, la metrópoli ya se encontraba al límite en materia de abastecimiento de agua y el recorte en el suministro por el bajísimo nivel de las presas del Cutzamala tendrá efectos muy severos. Aunque la Conagua y los responsables del servicio en el Estado de México y en la Ciudad de México han implementado acciones, como recuperación de la capacidad de suministro de fuentes subterráneas, sistemas de telemetría y control de fugas, difícilmente podrán resolver el enorme impacto que significará el recorte, que alcanza un 30% al incluir el anunciado a partir del pasado 17 de octubre.
Este recorte significa que dejarán de llegar al Valle de México, cada día, 345 millones de litros de agua y, aunque se haya mejorado el servicio en algunas zonas con las acciones emprendidas por las autoridades, cada fuente de abasto tiene su zona de influencia y la mejora de una no necesariamente resuelve el problema de la otra. Sería de esperar que se tengan problemas en muchos sectores del Valle de México, sobre todo empezando la primavera y, con ello, un aumento de temperaturas, lo que incrementa el consumo.
- ¿Qué sigue? Lo primero es poner sobre la mesa la necesidad de definir cuál debe ser la siguiente fuente de abastecimiento del Valle de México. Tenemos un atraso de, cuando menos, dos décadas en este tema y es indispensable iniciar los trabajos desde la planeación, los estudios, los proyectos ejecutivos y la ejecución de una obra que, por su magnitud, tardaría un lustro en concretarse. Lo segundo es reducir la demanda, asunto del que hablaremos en la siguiente columna.
