¿Cómo vamos con el cumplimiento del Tratado de Aguas con Estados Unidos?
Para dos países que comparten importantes cauces, que incluso delimitan sus fronteras, resulta fundamental alcanzar acuerdos justos que reconozcan los derechos hídricos de cada uno. Este es el caso de México y de Estados Unidos, que, tras décadas de disputas y años de ...
Para dos países que comparten importantes cauces, que incluso delimitan sus fronteras, resulta fundamental alcanzar acuerdos justos que reconozcan los derechos hídricos de cada uno. Este es el caso de México y de Estados Unidos, que, tras décadas de disputas y años de negociación, lograron firmar el Tratado sobre Distribución de Aguas Internacionales el 3 de febrero de 1944.
El acuerdo resulta particularmente favorable para México, que se compromete a entregar un promedio anual de 431.7 millones de metros cúbicos (Mm³) de agua proveniente del Río Bravo, por su parte, Estados Unidos también reconoce derechos adquiridos a México y le transfiere 1,850 millones de metros cúbicos de agua del Río Colorado cada año.
El Tratado de 1944 contempla las variaciones climáticas y los periodos de sequía, estableciendo que México no está obligado a cumplir estrictamente con el promedio anual de 431.7 Mm³ de agua del Río Bravo. En su lugar, el compromiso se mide en ciclos quinquenales con un total de 2,158.5 Mm³ por periodo.
En 80 años de vigencia del Tratado y 35 ciclos, México ha incumplido en cinco ocasiones. Para el actual ciclo 36, que finaliza el 25 de octubre de 2025, los atrasos son significativos: de los 1,727 Mm³ programados, México sólo ha entregado 427 Mm³, lo que equivale al 25 por ciento. Además, el atraso podría aumentar considerablemente, ya que las principales presas mexicanas —La Boquilla, El Granero y Las Vírgenes—, con una capacidad total de 3,465 Mm³, actualmente almacenan apenas 662 Mm³ (19%), a pesar de haber concluido la temporada de lluvias.
Ante esta situación, la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA), encargada de supervisar y coordinar las decisiones relacionadas con el Tratado de 1944, ha formalizado recientemente el Acta 331. Este documento busca abordar los retrasos recurrentes y brindar a México herramientas y flexibilidad para cumplir con sus compromisos de entrega de agua. Las medidas incluyen una mejor coordinación en la conservación, la reutilización y el aprovechamiento de fuentes alternativas.
El problema de fondo radica en el desorden de la gestión del agua en la frontera mexicana, lo que dificulta cada vez más el cumplimiento de los compromisos. La demanda ha superado las previsiones establecidas al formalizar el Tratado, debido al notable incremento de la superficie agrícola, el reemplazo de cultivos de bajo consumo por nogales y frutales de alto requerimiento hídrico, así como el uso clandestino y la extracción excesiva por parte de concesionarios.
Por otro lado, los agricultores de Tamaulipas, ubicados al final de la cuenca, que manejan una superficie de riego superior a las 220,000 hectáreas (probablemente el sistema más grande del país, que incluye los distritos 025, 050 y 4ª y 5ª unidades del 026), consideran que los acuerdos recientes de la CILA, sumados al desorden en la administración de la cuenca, les está afectando gravemente.
Es positivo que se hayan logrado avances en acuerdos internacionales que reduzcan, al menos a corto plazo, la posibilidad de un conflicto con Estados Unidos. Sin embargo, resulta evidente que es necesario implementar medidas que permitan cumplir con los compromisos internacionales y respetar los derechos adquiridos por todos los usuarios en México.
