Cambio climático: el futuro nos alcanzó

Hace algunos años tuve la oportunidad de asistir a una conferencia del señor Al Gore vicepresidente de Estados Unidos de 1993 a 2001 sobre el tema del cambio climático y los devastadores efectos para el mundo si no se logra detener el incremento en la temperatura global ...

Hace algunos años tuve la oportunidad de asistir a una conferencia del señor Al Gore (vicepresidente de Estados Unidos de 1993 a 2001) sobre el tema del cambio climático y los devastadores efectos para el mundo si no se logra detener el incremento en la temperatura global generada por los gases de efecto invernadero. Comentó que si este incremento llega a alcanzar los 2 grados centígrados, se esperarían olas de calor que afectarían a la mitad de la población mundial; periodos de sequía más prolongados en zonas áridas y semiáridas; un aumento en la intensidad, cantidad y duración de tormentas tropicales en las zonas húmedas; la afectación a los ecosistemas; impactos muy negativos en la agricultura y la ganadería; deshielo de glaciares; un incremento significativo del nivel del mar… en fin, un planeta muy diferente al que habíamos vivido.

Si bien es cierto que las variaciones climáticas a lo largo del tiempo han sido una realidad, como muchos detractores del tema afirman, los expertos en el cambio climático opinan que una cosa es la variación alrededor de una línea horizontal y otra muy diferente que estas variaciones se presenten alrededor de una línea ascendente, que ya fija una tendencia, donde, además, se empiezan a romper máximos y mínimos de las estadísticas tanto de lluvias como sequías y temperaturas.

El problema de un incremento de tan sólo dos grados en la temperatura global radica en que el comportamiento de las presiones atmosféricas y, con ello, de los vientos, es muy sensible a un pequeño cambio de temperatura. En la medida en que estos patrones del comportamiento cambien, con ello se modifican las humedades, que son transportadas por los vientos, con una afectación muy severa y negativa, con todas las consecuencias comentadas en el primer párrafo.

En México, con el caso del agua en Monterrey tenemos un claro ejemplo de lo que implica la presencia de una sequía de seis de los últimos siete años, que generaron el total agotamiento de los niveles de las presas Cerro Prieto y La Boca (algo que no deja de sorprender), mientras que en el resto del país tenemos cuatro años con lluvias escasas, sobre todo en las regiones centro y norte.

Esto todavía podría pensarse que se trata de un asunto cíclico, pero no es así. Lo realmente preocupante es que se está presentando ya a nivel mundial. En Europa, las lluvias en Francia fueron, para el mes de julio, un 84% menores que los niveles promedio; en Gran Bretaña, gran parte del sur y el este tuvieron el mes de julio más seco registrado. En España y gran parte de Europa, las temperaturas han alcanzado los 40°C, lo cual ha generado escasez de agua y una grave afectación a la agricultura.

En Seúl, Corea, lluvias extraordinarias inundaron el metro y centros comerciales, mientras que, en el suroeste de Estados Unidos, el almacenamiento conjunto de las presas Glen Canyon y Hoover se ubica al 27% de su capacidad, lo cual representa su almacenamiento mínimo histórico (lo que, ya se sabe, afectará a México con una disminución del agua que se le entrega del río Colorado con base en el Tratado Internacional de Aguas).

Tenemos un efecto mundial con situaciones sin precedentes que ya no pueden atribuirse a la estadística. Definitivamente, el futuro ya nos alcanzó y deberíamos recapacitar sobre ello. Al Gore, junto con el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, recibió el Premio Nobel de la Paz en 2007. Su mensaje sobre el tema es claro y contundente: “La Tierra tiene una fiebre que se está incrementando… y que no se curará por sí sola".

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