Bien por la Secretaría del Agua en la CDMX
A pesar de que hemos pasado ya tres meses de la formal temporada de lluvias, la información oficial de la Conagua nos indica que para el pasado 15 de agosto todavía se mantiene más de una cuarta parte del país con sequía severa. Un claro ejemplo de esta sequía que ...
A pesar de que hemos pasado ya tres meses de la formal temporada de lluvias, la información oficial de la Conagua nos indica que para el pasado 15 de agosto todavía se mantiene más de una cuarta parte del país con sequía severa. Un claro ejemplo de esta sequía que padecemos se tiene en el reporte del almacenamiento de las presas del Sistema Cutzamala, que abastecen al Valle de México y que alcanzan hoy un volumen de 323 millones de metros cúbicos. Cierto es que se ha logrado una recuperación, ya que el pasado 31 de julio sólo se tenía un almacenamiento del 32.4% y ahora es se alcanza el 41.3%, pero debemos considerar que su promedio histórico para esta fecha es del 68 por ciento.
No se tiene la certeza de si la falta de lluvias de este año se debe a las naturales variaciones del clima o a una modificación al mismo que se mantendrá o, incluso, empeorará debido al cambio climático. Esta situación debe hacernos recapacitar sobre la necesidad de poner el tema del agua como una real prioridad nacional y, en especial, la Zona Metropolitana del Valle de México, que es la de mayor preocupación porque se trata, ni más ni menos, de una de las grandes megaurbes del mundo, que se encuentra a 2,200 metros sobre el nivel del mar y ubicada en una cuenca cerrada que, naturalmente, debería estar inundada. Resolver sus servicios de manera sustentable es probablemente el mayor reto de ingeniería y deben encontrarse no sólo soluciones técnicas, sino también las formas para su financiamiento y, posteriormente, cómo cubrir los costos operativos, junto con un adecuado mantenimiento y conservación, lo que, por cierto, barato no resultará.
En este sentido, la creación de la Secretaría de Gestión Sustentable del Agua en la próxima administración del Gobierno de la Ciudad de México es algo que debemos valorar muy positivamente. El hasta hoy Sistema de Aguas de la Ciudad de México ha funcionado durante décadas como un organismo desconcentrado, primero de la Secretaría de Obras y Servicios y posteriormente de la Secretaría del Medio Ambiente. Con la creación de esta nueva secretaría se estará dando mucho mayor autonomía e importancia al tema del agua, un primer y muy importante paso para poder avanzar sólidamente en la solución de un problema de enormes complejidades.
Faltará no sólo encontrar soluciones técnicas y cómo financiarlas, sino el cómo lograr que la metrópoli, en su conjunto, avance hacia una mejor gestión de manera integral. Debemos tener presente que no sólo puede resolverse el problema de la Ciudad de México, sino también de los 59 municipios del Estado de México y de un municipio del estado de Hidalgo que, en conjunto, conforman la Zona Metropolitana del Valle de México.
Como ya comentamos, lograr soluciones sustentables lleva la implícita necesidad de contar con recursos suficientes para su adecuada operación y mantenimiento y, a menos de que se pretenda subsidiar esto, se requiere contar con organismos operadores eficientes que permitan generar los recursos necesarios vía el cobro de los servicios que presten.
En este sentido, en el artículo 16 de la Constitución Política de la Ciudad de México se establece que: “El servicio público de potabilización, distribución, abasto de agua y drenaje será prestado por el Gobierno de la ciudad a través de un organismo público con personalidad jurídica y patrimonio propio, autonomía técnica y de gestión, coordinará las acciones de las instituciones locales con perspectiva metropolitana y visión de cuenca. Este servicio no podrá ser privatizado”.
Esto significa que, como parte de la Secretaría de Gestión Sustentable del Agua, un complemento importante será crear un organismo público descentralizado, tal como se establece en la Constitución, el cual deberá prestar directamente los servicios, pero no sólo ello, sino también el que los recursos que cobre sean de su propio patrimonio, con una real autonomía de gestión, un cambio sustancial para el bien de la ciudad.
