Agua potable: debemos poner nuestras barbas a remojar

Nos dormimos todos, tendríamos que haber arrancado antes, fueron las palabras del expresidente uruguayo José Mujica sobre la falta de obras que derivó en la actual crisis del agua en Uruguay y ahora, ya con el problema de falta de agua potable que padece su capital, ...

Nos dormimos todos, tendríamos que haber arrancado antes, fueron las palabras del expresidente uruguayo José Mujica sobre la falta de obras que derivó en la actual crisis del agua en Uruguay y ahora, ya con el problema de falta de agua potable que padece su capital, Montevideo, desesperadamente se buscan soluciones que permitan paliar el asunto.

Las dos principales fuentes de agua potable de la ciudad presentan adversidades significativas: el embalse de Canelón Grande, con capacidad de 10 millones de metros cúbicos de agua, ha quedado completamente seco, mientras que la represa Paso Severino, con una capacidad de 67 millones de metros cúbicos de agua, llegó a almacenar tan sólo 1.2 millones de metros cúbicos, un 1.8% de su capacidad.

La situación es tan crítica que las autoridades uruguayas llegaron a estimar que sólo les quedaban entre una semana y diez días de agua potable. Afortunadamente, se presentaron algunas lluvias en los últimos días, lo que ha dado un respiro, pero el tema no está para nada resuelto.

Por ello, el expresidente Mujica se lamentaba de no haber arrancado la construcción de la represa sobre el arroyo Casupá. El proyecto ejecutivo estaba listo, pero su financiamiento “hacía saltar el déficit fiscal pa’arriba. Pero podríamos haber hecho a tiempo el Casupá”.

Al inicio de su mandato, el actual presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, decidió no avanzar con la obra de Casupá y priorizó un nuevo proyecto, más ambicioso, pero que implicaba una inversión mayor. Éste consiste en un plan para construir una planta potabilizadora sobre el Río de la Plata, con una inversión superior a los 200 millones de dólares. Pero esta obra no comenzará a construirse en el corto plazo y, además, no representa una solución inmediata. Aun con todo el dinero destinado a ésa como prioridad nacional, las obras requieren de un tiempo para ejecutarse.

Estamos hablando de Montevideo, la ciudad de Uruguay que tiene una población menor a dos millones de habitantes… ¿nos podríamos imaginar una crisis de igual magnitud en el Valle de México, con una población diez veces más grande? ¿Tenemos claro que un problema de ese tamaño se resuelve, rapidito y con todo el dinero, en una década? Y mientras… ¿qué pasará en la megaurbe?

¿Qué podría generar una crisis similar en nuestra capital metropolitana? Simple: una sequía que deje sin agua a las presas del Sistema Cutzamala, tal como está pasando en Montevideo y ya pasó en Nuevo León con las presas El Cuchillo y La Boca. Para un caso similar en el Valle de México, cuando menos estarían padeciendo unos ocho millones de personas por falta de agua o por severas deficiencias en el suministro. Un asunto realmente serio.

Pero no se trata únicamente del Valle de México, el tema de Monterrey sigue latente y tenemos a la puerta ciudades como Aguascalientes, Guadalajara, Durango, Hermosillo, La Paz, San Luis Potosí, León… un problema que sólo es cuestión de tiempo, dado el crecimiento de la población y de la demanda, la falta de inversión en infraestructura hídrica y su mantenimiento, y a los efectos del cambio climático.

Cierto es que actualmente el gobierno federal ha incrementado las inversiones en agua potable de manera significativa, pasando de 25 mil millones de pesos ejercidos en 2021 a 68.5 mil millones programados para este 2023. Pero este nivel de inversión no sólo hay que sostenerlo, sino incrementarlo. Se estiman que son necesarios, cuando menos, 85 mil millones de pesos de inversión sostenida y a largo plazo para poder enfrentar el problema a nivel nacional.

Importante es escarmentar en cabeza ajena, los casos muy cercanos de Monterrey y Montevideo deben ser un aviso. Tenemos que poner nuestras barbas a remojar y, consecuentemente, incrementar las inversiones en agua potable. Se trata de un serio compromiso con nosotros mismos y con las siguientes generaciones.

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