Se acaba septiembre y con él las múltiples manifestaciones privadas y públicas en conmemoración de la Independencia; los relatos de la lucha de Hidalgo, Guerrero, Allende, Aldama… son repetidos una y otra vez en las escuelas, y nuestro corazón se inflama de alegría al recordar sus hazañas y el triunfo final en 1821. En todas las plazas del país hubo celebraciones, discursos, marchas, desfiles y el inefable “Grito”, coreado por miles de entusiastas mexicanos.
Ya todo pasó, y volvemos a la realidad, y lo que encontramos no mueve al optimismo, sino todo lo contrario, porque seguimos sumidos en una vorágine de muerte, inseguridad y desamparo. El Inegi documentó más de 33 mil 500 asesinatos en periodos recientes previos, es decir, 40 por día, manteniendo una tasa cercana a los 25 o 26 homicidios por cada 100 mil habitantes. México ocupa el cuarto lugar como el país más peligroso y violento a nivel mundial, de acuerdo con el Índice de Conflictos de la organización ACLED (Proyecto de Datos de Ubicación y Eventos de Conflictos Armados).
Además, tenemos las cifras más altas de personas desaparecidas, que en México supera los 135 mil registros oficiales acumulados. Alrededor de 78% corresponden a hombres y 21.6% a mujeres, y los grupos más vulnerables recientes incluyen a adolescentes y jóvenes de entre 15 y 19 años, de acuerdo con el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia. Los grupos más amenazados por la delincuencia organizada incluyen a autoridades locales: alcaldes, policías municipales y mandos de seguridad, periodistas, cantantes e influencers, defensores de derechos humanos, menores de edad y artistas, así como migrantes y personas en tránsito.
Y lo más triste es que frente a esa catástrofe humanitaria, la respuesta del gobierno ha sido casi nula: y hay un caso que merece un comentario: la estudiante española Claudia Tacoronte fue asesinada —al igual que cientos de personas más—, y el responsable de este delito Francisco Xavier N, El Trompas, fue encontrado y apresado en cinco días, pero ¿y el seguimiento de los otros cientos de homicidios?, ¿o es que sólo se investigan los que tienen repercusión internacional?
Todo este panorama tiene consecuencias: 74% de los mexicanos vive con miedo a ser víctima de la delincuencia, según datos recientes del Inegi. Las mujeres presentan una mayor percepción de inseguridad (68.5%) en comparación con los hombres (56.7%). Y los lugares donde la gente se siente más vulnerable son los cajeros automáticos en la vía pública (72.2%), el transporte público (65.0%) y las calles (63.7 por ciento). Las ciudades con mayor percepción de inseguridad son: Culiacán, Sinaloa, 90.8%; Ecatepec, Estado de México, 90.7%; Uruapan, Michoacán, 89.5%; Tapachula, Chiapas, 88.1%, y Ciudad Obregón, Sonora, 88.0 por ciento.
¿Cómo puede un mexicano vivir dignamente si vive con miedo a ser asaltado, secuestrado, robado o asesinado?, ¿cómo puede el deudo de un individuo desaparecido superar ese dolor? Pero, además, los mexicanos vemos con alarma que todo el país parece estar a la deriva: la economía registrará un crecimiento estimado de entre 1 y 2%, lo que refleja una desaceleración general, pero con estabilidad macroeconómica.
El futuro de Pemex depende de un rescate financiero continuo del gobierno federal, postergando su meta de autosuficiencia hacia 2027 y enfrentando una deuda de 79 mil mdd. Por otra parte, la situación de la CFE es crítica porque enfrenta un riesgo inmediato de insolvencia, no se prevé para ella sostenibilidad operativa ni financiera, y será difícil que mantenga tarifas eléctricas bajas, que garantice el suministro universal, modernice su vieja estructura, y que continúe con los subsidios masivos de la 4T.
Pero, para los mexicanos, el problema más urgente es la salud, México enfrenta una compleja crisis marcada por brotes epidémicos, desabasto de medicamentos y recortes presupuestarios. Entre 2024 y 2026 se registraron recortes de hasta 12% en programas clave, afectando VIH, salud reproductiva, salud mental y prevención de suicidios. Los problemas más urgentes son el brote de sarampión: México lidera casos en la región por baja vacunación. También hay problemas de salud mental, con un aumento histórico en casos de depresión y estrés crónico, así como la persistencia de enfermedades crónicas como cardiopatías, obesidad y diabetes.
De modo que, con el miedo a la muerte, la inseguridad en todo el país, una economía miserable, caos en Pemex y CFE, y la falta de control en todos los aspectos de la vida nacional, invadida por la actividad incesante de los cárteles y las legiones de bandidos, sólo podemos pensar en que los ciudadanos hartos de estas lacras que nacieron hace siete años. Decidamos alzar la voz de manera contundente para exigir el cambio que el país necesita urgentemente.
