Viejos tristes, viejos sabios
La producción de endorfinas nos hace sentir bien.
Mi querido viejo: comenzamos un año más de nuestras vidas y, si estás leyendo estas líneas, estarás contento de haber celebrado un año más, de disfrutar con tus seres queridos, tus amigos, tus vecinos.
En estos días es inevitable recordar lo que hemos vivido, es inevitable tener pensamientos de todo tipo, recuerdos o imágenes de los sucesos de este año y todos los anteriores. Muchos de los recuerdos, algunos muy reales, son de momentos de alegrías y regocijo, logros, encuentros felices, viajes inolvidables, pero otros serán recuerdos de momentos tristes, de pérdidas inevitables, de fracasos, enfermedades, qué sé yo.
Y, entonces, es cuando entre los queridos viejos que nos rodean, encontramos viejos tristes, y también encontramos viejos sabios.
Los viejos tristes recuerdan, como tú y como yo, sus vidas, pero recuerdan solamente lo que les causó dolor: la pérdida de un ser querido, la madre, el padre, un hermano, un amigo, o los incidentes o accidentes lamentables: una herida, una fractura, un accidente en el auto o una enfermedad que requirió atención y hospitalización. El solo recuerdo de esos momentos entristece más a ese querido viejo, porque recordar con tristeza y resignación esos momentos negativos no hace nada bien para su salud física, pero sobre todo mental, ya que al recordar esos momentos vuelven a vivir la angustia, el miedo, el dolor, la desesperación que sufrió entonces, y eso no es bueno para su salud ni para su tranquilidad.
Por otra parte, podemos encontrar a los viejos sabios, esos que también han tenido pérdidas como todos, dolor por sus seres queridos, incidentes o accidentes, heridas, fracturas, accidentes en auto o enfermedades, pero que tienen una actitud totalmente diferente.
Sí, los viejos sabios reconocen todo lo anterior, pero su mente y su corazón están en los recuerdos felices, las palabras del padre cuando comenzó la vida, la primera bicicleta, el primer viaje a una ciudad cercana, la entrada a la escuela y a la universidad, los logros personales, el amor convertido en unión de dos almas que creó una familia, y mil cosas más.
Los viejos sabios reconocen que la vida es así: alegrías y tristezas, triunfos y fracasos, sonrisas y llantos, pero su mente está orientada a recordar todas las cosas buenas, incluso las más sencillas, que alegraron sus vidas en los años que les tocó vivir.
Y es que esa actitud tiene una explicación científica que aclaré en mi columna de ayer, la ciencia ha descubierto que los actos de afecto o amor, como las sonrisas, los abrazos, los besos, las palmaditas en la espalda, aun los pequeños regalos, así como el recordar momentos felices de nuestro pasado tienen efecto en el organismo por las hormonas que se producen. Endorfinas que el cuerpo genera y nos hacen sentir bien: oxitocina, dopamina, serotonina y adrenalina circulan por la sangre de los viejos sabios que tienen recuerdos alegres y tienen efectos similares a las sonrisas, los abrazos y los besos.
Así que, querido viejo, espero que en este año seas del grupo que disfruta la vida y recuerda el pasado como algo bueno, y que las celulitas grises de tu cerebro escojan bien tus recuerdos, para que te acompañen cada día de este 2025.
Médico y escritor
