Mi querido viejo: comparto contigo la alegría de haber llegado a estas edades en las que ya no alcanzan las velitas del pastel de cumpleaños, porque sabemos que éstas son una manifestación de las bondades que tiene la vida con nosotros.
Pero todos conocemos a viejos queridos que no viven así, porque la depresión afecta sus vidas de formas diversas, y todas ellas dañan su presente y su futuro.
Quiero hablar un poco de este problema, para que lo conozcas y trates en lo posible de evitarlo, porque afecta nuestras vidas de un modo terrible.
A nivel mundial, la OMS estima que alrededor de 5.9% de los adultos de 70 años o más padece un trastorno depresivo. Si ampliamos el rango a personas mayores de 60 años, la cifra se sitúa en 10.3%; como quiera que esto sea, la salud mental en la tercera edad es un desafío complejo, y los porcentajes varían de forma importante según la región y las condiciones de vida:
• Trastornos de salud mental generales: cerca de 15% de las personas de 70 años o más vive con algún tipo de trastorno mental, siendo la depresión y la ansiedad los más comunes.
• En nuestro país, la situación es sustancialmente más severa: datos del Inapam indican que entre 15% y 20% de los adultos mayores en México experimenta depresión, una cifra que duplica la media mundial.
• Pero, además, hay casos con síntomas no bien diagnosticados, porque hay algunos grupos en los que la mayoría tienen síntomas de tristeza persistente que no llegan a un diagnóstico clínico formal de depresión mayor, algunos estudios locales registran afectaciones de hasta 35% o más.
Querido viejo, por haber ya recorrido muchos kilómetros de días y noches, tenemos factores que elevan el riesgo de depresión, a pesar de afirmar que la depresión no forma parte del envejecimiento natural.
Pero lamentablemente, debemos reconocer que aparece por diversas causas y situaciones específicas en nosotros los viejos, como: aislamiento social y soledad no deseada.
Pérdida de autonomía por problemas físicos, visuales o auditivos. Duelos constantes (pérdida de la pareja, familiares o amigos). Inseguridad económica y jubilación (pérdida de roles).
La depresión en nosotros requiere atención especializada ya que suele manifestarse con dolores físicos o apatía en lugar de tristeza evidente; esos síntomas son:
• Quejas somáticas: dolores de cuerpo inexplicables, cansancio y problemas digestivos.
• Apatía e irritabilidad: falta de interés por actividades que antes disfrutaban.
• Aislamiento social: deseo de alejarse de la familia y amigos.
• Problemas de memoria o sueño: dificultad para dormir y sensación de confusión u olvidos frecuentes.
Las principales causas por las que surge esa lamentable depresión son:
• Pérdidas significativas: duelo por la muerte de la pareja, amigos o la pérdida del rol laboral tras la jubilación.
• Aislamiento: la soledad no deseada y la falta de contacto social frecuente.
• Enfermedades físicas: padecimientos crónicos o degenerativos como problemas cardíacos, Parkinson o dolor persistente.
• Dificultades económicas: limitaciones financieras o dependencia de terceros para la movilidad.
Sin embargo, siempre podemos hacer algo para minimizar o evitar la depresión:
• Escucha activa: validar nuestros sentimientos sin minimizar sus molestias físicas o emocionales.
• Reuniones sociales: con familiares, amigos o vecinos, directamente o por Zoom, para platicar los problemas que nos preocupan.
• Tener actividades físicas, por supuesto cuidando la integridad, como hacer ejercicio en silla, caminar con ayuda de un bastón, nadar y aprender a descansar después del ejercicio.
¡Animo, querido viejo!, la depresión no sirve para nada, tú puedes “echarle cerebro” al asunto y sonreír de nuevo.
