Sonrisas y lamentos
Mi querido viejo, los años pasan, estamos aquí y con frecuencia volvemos a ver a amigos y compañeros de la infancia que compartían con nosotros sus sueños, sus fantasías y sus ilusiones; los años pasaron y decenios después nos volvemos a encontrar y compartir una ...
Mi querido viejo, los años pasan, estamos aquí y con frecuencia volvemos a ver a amigos y compañeros de la infancia que compartían con nosotros sus sueños, sus fantasías y sus ilusiones; los años pasaron y decenios después nos volvemos a encontrar y compartir una charla que casi siempre es en estos términos: ¿Cómo te ha ido, cómo te sientes, qué hay de tu familia? ¡tus hijos?, y cómo ha ido tu trabajo, tus viajes, tus paseos? En pocos minutos queremos conocer y compartirnos nuestras experiencias, lo que es muy grato.
Los años pasan, lógicamente nuestro cuerpo y nuestra mente no son las de hace 20 o 30 años y el paso del tiempo hace que los achaques y las enfermedades aparezcan y tenemos que enfrentarlos de la mejor manera.
Hoy vivimos un mundo en el que las enfermedades han sido estudiadas hasta nivel molecular, y eso nos permite conocer a tiempo problemas y padecimientos que antes no se podían conocer y combatir. Al tener esas charlas con los viejos amigos, sabemos de sus experiencias con el laboratorio, los rayos X, las resonancias, y tantos y tantos estudios más, y así, de la mano de excelentes médicos, tenemos tratamientos, medicamentos, etcétera, otrora inimaginables.
Y entonces, querido viejo, nos damos cuenta de que la vida nos ha tratado más o menos bien a todos, que nuestros ojos no son los de antes, pero funcionan, que los oídos también necesitan ayuda, que la digestión se hace mejor con tal o cual medicina, y que prevenimos las graves enfermedades yendo al doctor a tiempo y recibiendo el tratamiento adecuado.
Y aunque todos vivimos más o menos en iguales circunstancias, podemos ver que hay grandes diferencias, en la actitud que tienen unos viejos y otros; seguramente te has dado cuenta, y creo que debemos reflexionar sobre esto.
Porque en tu lista de amigos hay quienes viven con la sonrisa en los labios, están tan viejos como tú,tienen achaques y molestias como tú, pero viven alegres cada mañana, y la sonrisa de sus labios y la alegría de sus ojos se contagia a su familia y a sus amigos.
Estos viejos son ejemplo que todos debemos imitar, porque ellos han descubierto el secreto de la vida feliz: ver con optimismo cada día, cada charla, cada conversación, cada comida, cada viaje.
Porque del otro lado están quienes, por diversas razones, no aprendieron a vivir y enfrentan cada día con la resignación de un prisionero o un condenado a muerte. Tristemente, esos queridos viejos son incapaces de encontrar el lado amable de la vida, y los lamentos, tanto personales como frente a sus familiares y amigos, ensombrecen el día y su tristeza se contagia y es difícil de superar.
Por eso, querido viejo, te invito a que tu sonrisa esté en tu cara y tus labios siempre, aunque estamos viejos, tengamos achaques, tratamos de evitar dolores y molestias, pero le damos la bienvenida a cada día y esperamos lo mejor de lo mejor.
¡No queremos viejos gruñones!, decía mi tía mientras, a su avanzada edad tocaba el piano y nos invitaba a bailar. ¡Viva la vida, que es la única que tenemos!
