Sevicia
En una actitud indiferente, el ministro fue filmado cuando contempla a su coordinadora de Comunicación, Amanda Pérez, y otro colaborador en cuclillas limpiándole el calzado.
En 2019, al ver lo que ocurría en las llamadas mañaneras y sus resultados, escribí lo siguiente para mi artículo de Excélsior:
Nunca en la historia de México hemos tenido la presencia constante, avasalladora, en prensa, radio, televisión, redes sociales y chismes de la calle, de un individuo, hoy Presidente, que se parece cada vez más al ‘Gran hermano’ de George Orwell, asiste puntual a las conferencias matutinas, llamadas ahora mañaneras y abarca todo el espectro informativo del país.
“¿Qué ocurre cada día?, imaginamos a un ayudante del señor presidente que le prepara a las 5 de la mañana el desayuno, y a su médico de cabecera que le toma la presión, el pulso, etcétera, y le da sus medicinas; ellos no duermen, atentos a las necesidades del señor.
“¿Y qué con el Gabinete de Seguridad?, los miembros se reúnen a las 6 de la mañana; no sabemos si a compartir información o a tomar café con galletitas, ya que como vemos después de las catástrofes de Culiacán, Michoacán, Guerrero y Sonora, ellos no están enterados de nada o casi nada; desvelados, silenciosos, llegan ahí cada mañana.
“¿Y el resto del gabinete?, el señor presidente los llama y ahí están, calladitos, sentaditos, esperando con un poco con temor, porque si dicen algo que no le gusta al señor, los regañará; si no, seguirán en su asiento como floreros; la mañanera sirve también para evidenciar las carencias del gabinete; uno de ellos dirá que ‘no estaba enterado’, otro presumirá de ‘un punto de inflexión’ en inseguridad; el mandamás de Pemex, confesará candoroso: ‘Los números no son mi fuerte’, y la secretaria de Gobernación dirá que no quiso decir lo que dijo.
“¿Y los reporteros de la fuente?; muchos seguramente han tenido ya conflictos maritales, y gripes y catarros, porque deben llegar antes de las 5 de la mañana y tienen que esperar a que se abra la puerta”.
Cuando yo escribí esas líneas, un gran amigo me dijo: “Ésa es simplemente sevicia” y se fue orondo saboreando su café.
Yo me quedé pensando ¿qué es sevicia?, y encontré que esa palabra significa. Crueldad excesiva, trato cruel. Y entendí: lo que hizo el señor que ya no está fue usar todos sus sentimientos negativos, todo su odio y aprovecharlos al llegar a la Presidencia simplemente “porque sí”, la crueldad excesiva afecta profundamente a quien la sufre, y es consecuencia de un trastorno cerebral que hace que el individuo goce hiriendo a los demás, que se sienta superior “porque se lo merece”.
Triste palabra, sevicia, que vimos y vivimos en todos los actos de aquel y muchos de sus seguidores.
Me vino a la memoria lo que ocurrió hace unos días en Querétaro en la ceremonia del 109 aniversario de la Constitución: colaboradores cercanos al ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Hugo Aguilar, debieron agacharse para limpiar su calzado.
No dábamos crédito: en una actitud indiferente, el ministro fue filmado cuando contempla a su coordinadora de Comunicación, Amanda Pérez, y otro colaborador en cuclillas limpiándole el calzado.
Tratando de minimizar ese acto de sevicia, Hugo Aguilar dijo: “Este hecho no representa el actuar institucional de la Suprema Corte, ni la forma en que conduzco mi desempeño público y privado”.
Podrá decir lo que sea, pero ésta es una evidencia más de la sevicia que está dentro de la cuatroté: triste es reconocer que el humanismo no existe, que el respeto a los demás es fantasía, y que mucho tendremos que luchar para desterrar esos “usos y costumbres” que dañan a quien lo sufre y a quien lo realiza.
En los próximos meses deberemos alzar la voz una y otra vez ante esos hechos que denigran; somos seres libres y no permitiremos más actos como ése.
