Cuando escribo estas líneas cada semana, me dirijo indistintamente a hombres o mujeres, que amablemente me leen, pero ahora quiero dedicar estas líneas a las mujeres, en especial a las mamás.
Para ti, mamá que ya cumples muchos años, y desde que tuviste a tus hijos en tu juventud te dedicaste a cuidarlos, educarlos y orientarlos, junto con el apoyo de tu compañero; hoy esos hijos son productivos y felices, gracias a los días y noches que pasaste cuidándolos y enseñándoles principios y valores.
Para ti, mamá que dedicaste cada hora de tu vida a criar y educar a tus hijos, hasta que una enfermedad terminó prematuramente tu vida. Sin embargo, tu ejemplo llegó a sus corazones y ellos son ahora productivos y felices, y no te olvidan.
Para ti, mamá que después de unos años te diste cuenta que tu compañero no es lo que imaginabas, y ahora tienes que cargar sola con todo, y compartir tu vida en educar a tus hijos y trabajar para poder mantenerte; el cansancio y la fatiga no impide que sigas educando a tus hijos con amor.
Para ti, mamá que de buenas a primeras, casi sin darte cuenta, supiste que estabas embarazada, y que nadie iba a responder frente a la llegada de ese hijo inesperado. Tú afrontas esta situación, incluso con el rechazo de tu familia y tus amigos, pero eres mamá y, aunque tengas que luchar sola, has decidido que serás la mejor mamá, aunque esto signifique trabajar a deshoras, recibir tal vez humillaciones, olvidos y soledad.
Para ti mamá que educaste a tus hijos, pero pronto los perdiste, porque ellos no supieron entender tus enseñanzas y se encaminaron por el sendero de la delincuencia, lo que ha requerido que los vayas a buscar a la comisaría o que los tengas que ver, con tristeza, en la cárcel; tú sigues amándolos, aunque ellos no lo entiendan.
A ti, mamá que con alegría recibiste la llegada de tus hijos, pero al crecer uno de ellos no se sintió “en familia”, y poco a poco se fue distanciando hasta que definitivamente se fue y, aunque sabes que está sano y bien, está lejos, no tiene contacto contigo y tú sufres en silencio porque esas ausencias no se comparten, están en el fondo del corazón.
Para ti, mamá que criaste y educaste a tus hijos con tesón, alegría, hasta que un día no supiste de él; lo buscaste con sus amigos y conocidos, con sus compañeros de trabajo, incluso con algunos que no te caían bien; fuiste desesperada a los hospitales, a las clínicas, al Ministerio Público, incluso al servicio médico forense, y… nada. Y a partir de entonces no vives, sufres cada día tratando de encontrarlo, y ya te has incorporado a las miles de mamás mexicanas que viven y se desviven, y agonizan día y noche hurgando aquí y allá, mandando mensajes que no tienen respuesta. Tú, mamá, estás muerta en vida, lo que es casi imposible de describir e imposible de tolerar.
Para todas las mamás del mundo, buenas, malas, brillantes, ignorantes, exitosas, fracasadas, alegres, tristes, sanas, enfermas, jóvenes y viejas (queridas); cada una de ustedes, desde que el mundo es mundo, ha creado vida, y ha iluminado cada hogar con su presencia y su amor incondicional.
Gracias, mamás eternas, hoy y siempre.
*Médico y escritor
