El placer de envejecer
Mi querido viejo: aquí he hablado varias veces sobre lo que significa envejecer, y reiteradamente he insistido en que, independientemente de nuestra condición física, de los problemas de salud, las arrugas en la piel, el cabello blanco y las fallas en los ojos y los ...
Mi querido viejo: aquí he hablado varias veces sobre lo que significa envejecer, y reiteradamente he insistido en que, independientemente de nuestra condición física, de los problemas de salud, las arrugas en la piel, el cabello blanco y las fallas en los ojos y los oídos, quienes estamos aquí podemos –y debemos– disfrutar el placer de envejecer.
Y hoy lo digo porque ayer celebramos un cumpleaños más de Alicia, la compañera de mi vida, y como siempre, nos levantamos alegres y en el teléfono escuchamos Las Mañanitas que cantó Pedro Infante, como lo hacemos en cada cumpleaños.
El placer de envejecer se disfruta cada día, y yo soy afortunado porque desde que sus ojos color del tiempo me enamoraron, y la alegría de vivir cada momento me hizo un hombre diferente, su presencia le dio un impulso a mi vida y aprendí a sonreír siempre, aún en los momentos difíciles o desagradables que he tenido que enfrentar.
El placer de envejecer le da un nuevo giro a nuestras vidas, porque así no lamentamos el paso de los días y los años porque llenamos cada día de algo bueno, importante, alegre o aleccionador.
Porque Alicia y yo pensamos al mismo ritmo, y así planeamos, cuando me dediqué a la cirugía de la obesidad, entonces prohibida y rechazada, hacer la mejor cirugía posible y Alicia estuvo conmigo en la sala de cirugía filmando esas operaciones que nadie creía posible.
Y por eso pude, con ella, planear y disfrutar los viajes a muchos países para presentar mis resultados en los Congresos Nacionales y Mundiales, habíamos creado la Federación Internacional de Cirugía para la Obesidad IFSO, y eso nos permitió conocer a muchos amigos cirujanos y compartir con ellos mis experiencias quirúrgicas, mientras disfrutábamos el conocer ciudades y países de todo el orbe y compartir las comidas y las cenas de clausura de los congresos con los cirujanos amigos y sus familias.
El placer de envejecer ha sido compartir los éxitos de los hijos y disfrutar alegremente a los nietos, que cada día nos sorprenden con sus avances en la escuela y en los deportes. El nacimiento de cada nieto ha sido una fiesta que nos alegra y recuerda que la vida sigue, aunque, como en todo el mundo, ocurran incidentes o problemas que requieren atención.
El placer de envejecer, junto con Alicia, nos ha permitido también sortear juntos las enfermedades que surgen al cabo de los años, gracias a los buenos amigos, excelentes profesionales, que con destreza y eficiencia han corregido problemas de la columna vertebral, gracias a lo cual seguimos adelante.
El placer de envejecer ha servido para hacer locuras, de las que no me arrepiento, el amor que surgió cuando Alicia me hechizó con su sonrisa y mi vida cambió para siempre; así, enamorado, me atreví a regalarle la luna, a bailar en el Periférico para sorpresa de los automovilistas, y a celebrar nuestro matrimonio en Tahití; los años han pasado, y aquí estamos celebrando cada día con alegría.
Aquí estoy, viejo, con achaques, dichoso por compartir cada día con Alicia, por celebrar un cumpleaños más, con una sonrisa en los labios y alegría indescriptible en el corazón.
Gracias, Alicia, por un año más; gracias por haber llegado a mi vida; gracias porque por ti soy feliz.
