¿Dónde dejé mis lentes?
Mi querido viejo, creo que hemos vivido muy sabrosamente por años y debemos dar gracias a la vida, nuestros sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto, nos han permitido saborear la vida en todas sus formas. Tus ojos te han llevado a descubrir maravillosos ...

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
Mi querido viejo, creo que hemos vivido muy sabrosamente por años y debemos dar gracias a la vida, nuestros sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto, nos han permitido saborear la vida en todas sus formas.
Tus ojos te han llevado a descubrir maravillosos mundos que nos rodean, tanto en casa como en la escuela, el campo, la playa y el mar. Aprendiste a disfrutar desde las canciones infantiles, hasta las grandes obras de ópera, las canciones de los trovadores y los gritos desafinados de las cantantitas de moda. Aprendiste a disfrutar los olores de la buena comida, del perfume de esa jovencita que te volvió loco en tu adolescencia, y rechazar los malos olores del Metro; y el gusto te ha permitido saborear los mejore alimentos, sea un pan con nata o sean unos caracoles a la española. Finamente, el tacto te dio desde el nacimiento el placer de sentir la mano de tu mamá y tu papá, y más adelante disfrutar los sentimientos que surgen de un discreto toque que apenas se siente.
Pero hay algo más, querido viejo, que damos por sentado y a veces nos traiciona: ¿dónde dejé mis lentes?, exclamas un poco molesto, porque los buscaste en el buró, en la cocina, incluso en el baño y no te has dado cuenta ¡que los tienes puestos!
Esos lapsus hacen que algunos viejos se alerten y se preocupen porque su cerebro está fallando, y si eso se repite, porque a veces no recuerdan el nombre de un amigo o el nombre de la calle a donde van, piensan que el tiempo se acabó y terminarán sin saber ni cómo se llaman.
Esto, querido viejo, es importante y no debemos pasarlo sin actuar al respecto, porque los pequeños olvidos no significan que el daño de tus celulitas grises en el cerebro será irreversible.
Recuerda algo que aprendimos en nuestras clases de anatomía: todas las células de nuestro cuerpo se están renovando constantemente; desde los glóbulos rojos y glóbulos blancos de la sangre, hasta las células del hígado, páncreas etcétera, incluso las fibras musculares se renuevan una y otra vez.
¿Y qué pasa con las células del cerebro, llamadas neuronas, o como dice el sagaz investigador Hércules Poirot, las “celulitas grises”? pues que están asociadas entre sí por medio de cientos, miles de contactos con las demás células, y pasan la información que tenemos de un lugar a otro, donde se almacena la memoria, y esas celulitas grises pueden fallar por falta de alimento, por desnutrición o enfermedades infecciosas, y no funcionan bien.
De modo que si comienzas a tener esos lapsus y no recuerdas algo, o un nombre o una calle, revisa tu salud, aliméntate bien, haz ejercicio y piensa en tus años juveniles; un buen ejercicio será recordar, junto con un amigo o la compañera, aquel momento grato, un cumpleaños, un vieja a la playa, así activarás los archivos de tu cerebro, y poco a poco regresará la buena memoria.
Un neurólogo puede orientarte por si necesitas apoyo con medicamentos para que tus “celulitas grises” sigan funcionando bien.