Defender la alegría

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Mi querido viejo: hay en cada uno de nosotros un tesoro que debemos cuidar y atesorar, porque es una de las razones por las que somos felices; ese tesoro son los recuerdos.

Tenemos muchos años de viajar en esta tierra, y en esos años hemos vivido momentos y ocasiones que nos marcaron para siempre, alegrías, sorpresas, cumpleaños, viajes, sorpresas, incluso tristezas, porque ellas también han formado parte de estas vidas.

Y cuando el tiempo pasa, querido viejo, ese tesoro de recuerdos nos ayuda a seguir adelante con una sonrisa en los labios; solos o en compañía de la persona amada, y al recordar nos hacen vivir de nuevo, y hacen a un lado los sentimientos o pensamientos negativos, para vivir día con día la alegría.  

Venturosamente, veo a mis amigos viejos, con las arrugas que confirman sus luchas, con su caminar aún erguido a pesar de las molestias de la espalda, con una barriga más prominente que en otros años, pero sonrientes, alegres cuando nos vemos por el teléfono o por Zoom, y creo que esa alegría, que tuvieron también nuestros abuelos y nuestros padres, es un tesoro que debemos cultivar y defender siempre. 

Y por esto quiero compartir estos versos de Mario Benedetti, que nos hablan de esa defensa que debemos hacer diariamente de la alegría de estar vivo:

Defender la alegría como una trinchera/ defenderla del escándalo y la rutina/ de la miseria y los miserables/ de las ausencias transitorias y las definitivas.

Defender la alegría como un principio/ defenderla del pasmo y las pesadillas/ de los neutrales y de los neutrones/ de las dulces infamias/ y los graves diagnósticos.

Defender la alegría como una bandera/ defenderla del rayo y la melancolía/ de los ingenuos y de los canallas/ de la retórica y los paros cardiacos/ de las endemias y las academias.

Defender la alegría como un destino/ defenderla del fuego y de los bomberos/ de los suicidas y los homicidas/ de las vacaciones y del agobio de la obligación de estar alegres.

Defender la alegría como una certeza/ defenderla del óxido y la roña/ de la famosa pátina del tiempo/ del relente y del oportunismo de los proxenetas de la risa.

Defender la alegría como un derecho/ defenderla de dios y del invierno/ de las mayúsculas y de la muerte/ de los apellidos y las lástimas/ del azar, y también de la alegría.

Hemos vivido muchos años, más o menos sanos, más o menos achacosos, pero felices de vivir cada mañana y sonreírle al sol, y por eso te recuerdo las condiciones que necesitamos los viejos para defender la alegría.

Ante todo, tratar de vivir tan sanos como sea posible; cierto, nuestras arterias no son lo elásticas que fueron, el corazón tal vez tenga detalles que hay que cuidar (presión arterial y otras), el páncreas debe tratar bien a tu azúcar y controlar la diabetes, y nuestros músculos deben permitirnos caminar con o sin la ayuda de un buen bastón. 

Come bien, duerme bien, descansa, lee mucho y sonríe cada mañana. Aunque tengamos contratiempos o penas, nunca deberemos renunciar a la alegría; la vida está hecha de todo esto, y la alegría cotidiana tiñe de un hermoso color todo lo que nos rodea, familia, amigos, conocidos...

Benedetti tiene razón, junto con muchos pensadores y escritores que han dedicado su tiempo y sus vidas a celebrar esos días, meses y años que la vida nos da a cada uno; yo defiendo la alegría con la familia, los amigos y sobre todo con Alicia, la alegría de mi existencia. 

Querido viejo: ¡defendamos la alegría!