La senda conocida

Julio Faesler

Julio Faesler

Editorial

En 2018, queriendo creer en los propósitos y promesas del Movimiento de Regeneración Nacional nuestro electorado nacional lo eligió democráticamente para gobernar México.

Al  poco tiempo fue haciéndose patente para toda la nación que el rumbo que se tomaba no era el prometido. Por el contrario, comenzaba la era de una artificial confrontación interna altamente destructiva para la unidad nacional que se requería y que incluso hasta la fecha Morena insiste en hacerla valer como argumento electoral.

Ahora, al cumplir el primer tercio de su sexenio, las cosas no están como dice la Presidenta. El ánimo del país es de decepción. Las noticas económicas aparentan éxito, pero encierran hondas fisuras financieras y grandes faltantes presupuestales. 

En lo social, hay inquietud en la población que, semisubsidiada con programas sociales, vive en una diaria y amenazante inseguridad, envuelta en  privaciones, sin atención médica, educación tergiversada y sin un trabajo formal.

En lo político, las elecciones del año entrante no ofrecen cambio, sino la perspectiva de maniobrar el mal explicado rechazo de un mandato más que para prolongar la gestión, la corrupción y el poder del denso futuro de Morena.

Los partidos y los grupos ciudadanos de oposición saben del campo minado de trampas y amenazas, incluso de muerte, que los esperan en el proceso electoral de 2027 que los de la 4T se preparan a usar. 

Va de por medio asegurar sus privilegios y para algunos unas muy lucrativas influencias y relaciones con los traficantes de todo lo ilegal y antipatriótico.

El camino hacia la democracia estará en un gobierno de concertación de ideas y no en la cruda y anacrónica imposición de lo que quiere el partido oficial. 

Esta fórmula, inadmisible para el ala intransigente de Morena, es la que Claudia Sheinbaum no quiere asumir, alejando la solución de los problemas.

La cosecha de su posición en lo político es obligar a que siga ahondándose indefinidamente la evaluación crítica en lo nacional como mundial.

Las rutas para remediar las inquietudes populares son pocas. Una de ellas se ha desperdiciado al no darle salida al problema del exgobernador Rocha, dejando que la fiscalía archive las múltiples pruebas que insiste en no tener para hacer que funcione el engranaje de la justicia tanto nuestra como la norteamericana.

La otra oportunidad que tiene la Presidenta es, como primer paso, incluir en su gabinete a figuras capacitadas en áreas de urgente atención como las de la educación, y la de obras públicas.

Pero en realidad la coyuntura nacional se describe ahora como una penosa concertación de poder que fusiona mafias con gobierno lo que tiene trabado el avance socioeconómico. 

En lo internacional, esta combinación ha hundido al país en un costoso desprestigio.

¿Esperar ajustes en la conducta de la Presidenta para responder en alguna medida a las presiones de la opinión pública nacional y extranjera? 

Difícil. Mientras siga convencida de que la solución de los males que se sufren está en centralizar todas las decisiones y obligada lenidad para las actividades de narcotraficantes. 

La hemos visto: trato severo  para Ruffo Appel y protección descarada para Rocha.

¿Ajustes en el control de ambas cámaras legislativas colonizadas al tope con miembros del partido ganador o para que los órganos de gobierno dejen de estar tripulados por miembros absolutamente leales, aunque sean absolutamente inadecuados para sus funciones?

Son todos ellos los que autorizan los astronómicos refinanciamientos presupuestarios para cubrir los increíbles costos de los  proyectos favoritos heredados de la pasada administración.

El camino hacia la democracia está en un gobierno de concertación de ideas y no la de una simple imposición de los caprichos del partido oficial. 

Esta fórmula inadmisible para el ala intransigente de Morena es la que la presidenta persiste en asumir alejando la solución de los problemas.

La cosecha en lo político es obligar a la evaluación crítica que continue ahondando la deplorable cosecha del dispendio. 

Las oportunidades para remediar la inquietud popular son pocas. Una de ellas se ha desperdiciado al no darle salida al problema del exgobernador Rocha dejando que la fiscalía use las múltiples pruebas que insiste en negar tener para que funcione el engranaje de la justicia.

La coyuntura nacional se describe como una penosa concertación de poder fusionado con mafias que tiene trabado el avance socioeconómico.

Contra una necesaria discusión de opciones para atender las responsabilidades de todo gobierno lo que la Presidenta busca es centralizarlo todo.

Un cambio de rumbo requeriría la discusión de alternativas y la toma consensada de decisiones y no exclusivamente acatar las decisiones de ciudadanos miembros del partido en el poder.

La senda por la que la Presidenta conduce al país, la de promesas incumplibles. 

Senda conocida que no puede sino llevarnos a un fracaso más. 

De las mayores que hemos conocido.