Debemos despertar

La semana pasada recibí comentarios de amigos y conocidos que me preguntaron por qué hablé de mi sueño, y luego hice un recuentro de los males que sufre nuestro México. Eso no fue casualidad, sino la consecuencia de revisar una y otra vez lo que estamos viviendo y al mismo tiempo cerrar los ojos —como cuando dormimos y soñamos—, sin atrevernos a enfrentar claramente al problema, que no es individual, sino de todos los mexicanos. 

Y es que a medida que pasan los días y los meses, vemos tres escenarios con sus consecuencias.

El primer escenario, que nació desde 2018, es la destrucción de nuestras instituciones, el desmantelamiento de los Poderes de la unión, por lo que ahora no hay Poder Ejecutivo, sus decisiones cambian cada día; no hay Poder Judicial, está en manos de incapaces e ignorantes; no hay Poder Legislativo, que ha convertido las leyes en documentos sin sustento y sin futuro; el caos resultante hace imposible el progreso de la nación.

Esto da por consecuencia que nadie sabe qué hacer: o cumplir las leyes y reglamentos que llenan el espectro gubernamental, o evadir totalmente esos lineamientos, con las múltiples consecuencias que puede esto tener.

El segundo escenario, que contemplan los analistas e investigadores, es el de la pobreza, casi miseria, que vive el país en todos sus órdenes. La economía crecerá menos que nunca, con todas sus consecuencias, somos y seremos más pobres cada vez. 

Las deudas nacionales e internacionales de México superan con mucho la capacidad para solventarlas, por lo que estamos en los últimos lugares de casi todas las evaluaciones mundiales.

Y a eso se une la confirmación, en la opinión de muchos países, que vivimos en narcoestado, lo que significa la confirmación y certeza de que los delincuentes, cárteles, grupos armados y demás son los que mandan en el país. Y tal parece que nos hemos acostumbrado a las noticias diarias de robos, asaltos, secuestros y desapariciones, junto con el hallazgo frecuente de fosas clandestinas.

Se supone que debemos vivir en un país que respete los derechos humanos, que tenga leyes y reglamentos válidos y formas de descubrir los errores o delitos que se cometen en el país. Se supone que cuando tengamos una queja podemos acudir a las autoridades para que se realicen las indagaciones necesarias, y se supone que los jueces y magistrados serán capaces y honestos para ofrecer resultados confiables y seguros. 

Pero no es así, la realidad nos confirma que el país es un narcoestado, que los delincuentes abarcan cada centímetro del territorio, y que no se ve por ningún lado un asomo de proyecto de solución, ¿podemos pensar en uno?

Los mexicanos no podremos buscar soluciones si no actuamos, millones de nosotros nos quejamos, pero no hacemos nada. Los partidos políticos tienen desnutrición, no hacen públicos sus análisis y las posibles soluciones a los males que padecemos, no hacen declaraciones, no convocan a manifestaciones o mítines, sino que siguen recibiendo los recursos que les corresponden. 

El nuevo partido, Somos, que después de pelear con el INE logró sobrevivir a las truculentas mañas de los cuatroteros insertados allí, aún no da color para que los ciudadanos nos reunamos y comencemos a luchar.

Somos tiene un buen futuro, sus principios y valores están ahí, sus dirigentes saben lo que está en juego y las posibilidades de que tenga que enfrentar a las mañas y fraudes del partido en el poder. Es urgente que, tan pronto como sea posible, den señal de lucha. 

Y cada uno de nosotros, estimado lector, tenemos tarea, en lo personal y familiar, con los amigos y vecinos debemos ver la forma de manifestarnos, abandonar la bulimia que hemos tenido, y dedicar un tiempo de nuestros días a luchar por ese México que se nos fue de las manos en unos años. No podemos seguir dormidos, una buena noche no corrige nada; debemos despertar, pensar en serio y actuar en serio, sólo así podremos afirmar que somos mexicanos completos y que podremos heredar a nuestros hijos y nietos un país libre, un México progresista y saludable. 

Cuando platico con mi familia y mis hijos, estamos de acuerdo en el problema, con las consecuencias y en la urgencia de actuar, pero es difícil encontrar el camino para lograr todo esto. Sin embargo, seguiremos adelante, sabiendo que los próximos meses serán decisivos, y nosotros somos responsables de todo lo que ocurra. No más sueños, debemos despertar.