Años, achaques, remedios y mentiras
En casa, quien mejor nos lo dice es nuestro espejo, sea grande o pequeño...Mi querido viejo: todos lo decimos: los años no pasan en balde y, ésta, es una verdad universal. Todos envejecemos: los imperios, las grandes fortunas, los cerros, los lagos y el mar, y tanto ...
- En casa, quien mejor nos lo dice es nuestro espejo, sea grande o pequeño...
Mi querido viejo: todos lo decimos: los años no pasan en balde y, ésta, es una verdad universal. Todos envejecemos: los imperios, las grandes fortunas, los cerros, los lagos y el mar, y tanto los pajaritos como las mariposas, los perros o los elefantes nos enseñan que los años no pasan en balde.
Y en casa, quien mejor nos lo dice es nuestro espejo, sea grande o pequeño, nos enseña cada día que lo que hemos vivido y disfrutado tiene un precio, y eso que dimos por sentado y perenne, la salud, se va deteriorando como un cochecito Ford de los años 30.
Y aquí estamos, felices por estar vivos, pero conscientes de que esas arrugas que vemos y esas molestias en las manos o las rodillas nos avisan que ya no somos lo que fuimos. Por eso es importante que evaluemos nuestra salud abiertamente y sin rodeos, de pies a cabeza, sabiendo cuáles son nuestros órganos enfermos y, con ese análisis, pidamos ayuda a quien puede conocer más y explicarnos mejor por qué el corazón está así o por qué falta el aire o por qué caminar cuesta trabajo.
Junto con nuestra familia y nuestro médico conoceremos qué tan grave es tal o cual síntoma y qué se puede hacer.
Y ahí entramos en un mundo sorprendente porque, año con año, la ciencia avanza y encuentra la forma de descubrir a tiempo enfermedades que antes eran mortales: los cánceres del seno, de la matriz, de la próstata, el intestino y tantos más se pueden diagnosticar y resolver.
Los medicamentos y remedios, que desde nuestros ancestros recetaban, han dado lugar a productos científicamente comprobados para aliviar nuestros males. Y la ayuda de equipos médicos cada vez mejores, radiografías, resonancia magnética, endoscopías, pruebas serológicas y demás nos hacen abrigar esperanzas cuando hace decenios esto no era posible.
Pero ahora, querido viejo, quiero informarte que con los avances de la tecnología y con el uso de la inteligencia artificial para crear objetos o personas nos vemos envueltos en un torbellino de anuncios en las redes, en nuestros teléfonos celulares, en el cine, etcétera, que no sólo ofenden nuestra inteligencia, sino que constituyen un fraude y pueden afectar gravemente a quienes, ilusionados, creen en soluciones mágicas ¡porque las dice con voz muy convincente un comunicador, una artista, un médico renombrado o, incluso, el popular Doctor Simi!
Por eso, querido viejo, quiero que juntos hagamos una muy importante reflexión: llegamos a este mundo para ser felices y, tanto tú como yo, como todos, hemos disfrutado de nuestra infancia, de la alegría de convivir con nuestros compañeros en la escuela, la emoción de iniciar el trabajo, crear una familia y disfrutar años y años de buena salud.
Pero debemos reconocer que la vejez también es parte de nuestra vida, debemos cuidar la salud física, pero, sobre todo, la salud mental, y entender que vamos a cumplir nuestro destino y que, aunque la medicina nos puede ayudar, la charlatanería y los engaños de píldoras mágicas no sirven para nada.
Vivamos plenamente los años que la vida nos da y recibamos cada mañana con sonrisas, a pesar de los achaques de cada día.
