¿Cuántos años de sonrisas?
“El mejor maquillaje matinal es una sonrisa.” E. ...

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
“El mejor maquillaje matinal es una sonrisa.”
E. Lauder
Mi querido viejo, hace algún tiempo te comenté una película argentina/española protagonizada por dos espléndidos actores China Zorrilla, argentina con una vena humorística única, y Manuel Alexandre, señorón español que actúa como un viudo depresivo y enojón, Elsa y Fred se llama el filme y relata la relación que se establece entre dos viejos que se encuentran, debido a que él se muda al edificio donde ella vive.
Los progresivos acercamientos, propiciados siempre por Elsa, van poco a poco minando la hosquedad de Fred, de modo que llegan a ser grandes amigos y viven una aventura inolvidable que le da sentido a los últimos años de sus vidas.
Esta misma trama fue realizada aquí en México en 2010, nada menos que por don Ignacio López Tarso y Beatriz Aguirre, quienes bajo la dirección del inolvidable José Solé hicieron en el teatro una magnífica caracterización de Elsa y Fred; como siempre, la actuación de don Ignacio fue espléndida. Y recientemente, en una versión estadunidense, Shirley MacLaine y Christopher Plummer repitieron la obra, esta vez ubicada en Nueva Orleans; actuaciones impecables, como siempre, que dejan un buen sabor de boca.
Hay muchas escenas que verdaderamente nos hacen pensar y darnos cuenta de qué manera podemos estar desperdiciando los días que nos da la vida si no apreciamos lo que es, lo que somos, lo que podemos ser y hacer y nos abandonamos a la abulia, a la pereza, prima hermana de la depresión y el aburrimiento mortal.
Eso pasa con Fred, quien culpa de todo lo que sucede a los demás: Su difunta esposa, su hija y su marido, la calle, el jardín, etcétera; hosco y encerrado en su cuarto, sin bañarse ni afeitarse, es el vivo ejemplo de un muerto vivo, que no tiene ganas ni de alimentarse.
Pero el espíritu jovial y optimista de Elsa —quien está gravemente enferma, pero lo oculta— va poco a poco convirtiendo a ese tipo gruñón en un hombre amable y afable, que vuelve a apreciar las pequeñas cosas de la vida: Los paseos, el jardín, las comidas en restaurantes y, sobre todo, la vida en común, hasta que llega a ignorar el enojo e irritación de su hija, que no puede entender que su padre haya rejuvenecido de tal manera.
La pareja disfruta cada vez más, y en un momento Elsa le pregunta a Fred: ¿Cuántos años has sonreído?, y él se queda callado, porque se da cuenta que en su vida no había aprendido a sonreír, menos a reír a mandíbula batiente, como cuando deciden, como adolescentes, hacer un viaje a Roma a la fuente de Trevi, para cumplir el sueño de toda la vida de Elsa: Bañarse como lo hizo Anita Ekberg en la película La Dolce Vita, de Federico Fellini, mientras la contemplaba extasiado Marcello Mastroianni; Elsa cumple su deseo más anhelado y Fred se da cuenta de que lo importante en la vida es eso, vivir plenamente cada día.
Te aconsejo que si no has visto cualquiera de las dos versiones cinematográficas de Elsa y Fred, lo hagas, ambas son hermosas y en ambas la lección es una: ¡Hay que vivir la vida!
Y tú, querido viejo, ¿cuántos años has sonreído?, si lo has hecho, si has encontrado el lado amable de la vida, ¡enhorabuena!, vivirás muchos años; y si no, viejo querido, es el momento en que sonrías, primero a ti mismo al verte en el espejo, con arrugas, sí, pero con ánimo optimista; después sonreirás a los tuyos, a tu familia, a tus vecinos, a tus amigos, a quienes encuentres en la calle, verás la respuesta que te sorprenderá.
Y si nos encontramos, ¡sonreiremos!
Médico y escritor
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