Adiós a Fernando Serrano Migallón.
Por lo visto, Morena se empeña en ser y parecer poco confiable. El escandalazo del INE no puede minimizarse aduciendo ofensas de género a la defenestrada, pues tales ofensas no han aparecido en los medios, sino en redes sociales, que lamentablemente dan cabida a cualquier estulticia. En el periodismo, las noticias, los análisis y las opiniones llevan el nombre del autor respectivo y, de un modo u otro, existe el derecho de réplica, pero en redes sociales no.
El morenismo está frente a una profunda crisis de credibilidad. De nada sirve alegar inocencia, como lo hizo AMLO en su momento, al argüir que la señora Taddei llegó al cargo mediante insaculación, pero olvidando que los otros insaculados eran también alfiles del partido en el poder. La mayoría ficticia del pejismo ha introducido cambios nada plausibles, ha destruido órganos independientes como el Inei y ha trabajado intensamente para demoler un orden legal que, en buena medida, era producto de movimientos populares de muchas décadas.
Esos cambios socialmente indeseables están en el camino de retorno al peor de los priismos, ése que tendió su manto para proteger a funcionarios ladrones, que se impuso para ahogar toda oposición política y solapar la arbitrariedad y el abuso como forma de gobierno, al extremo de ordenar matanzas siempre impunes de las que existe una larga lista, pues no se limita al 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco ni a la desaparición de los 43 muchachos de Ayotzinapa, crimen que las autoridades no han querido resolver.
En algunos casos, muy pocos, se ha procedido a emplear la ley contra algunos sinvergüenzas, pero si el caso toca a gentuza de Morena, se despliega el disimulo envuelto en palabrería o los procesos suelen ser lentos, inacabables o, lo peor, inexistentes, como en los casos de Rocha Moya, del senador Inzunza o de cierto senador tabasqueño que declaró ingresos de 2025 por 72 millones de pesos.
En lo referente al INE de Taddei, algo sabía la Unidad de Inteligencia Financiera del gobierno, pero ese conocimiento de irregularidades punibles no se siguió con una investigación judicial. Tuvo que ser un diario, Reforma, el que revelara la gigantesca mancha excrementicia que cayó sobre el INE y ahora unos se desgarran las vestiduras haciéndose los sorprendidos, mientras otros pretenden ocultar la enorme cola que les pisó el buen periodismo.
Ahora mismo, cuando Taddei ya fue defenestrada, al igual que tres de sus compinches, lo que esperamos muchos ciudadanos es que se aplique la ley y que el caso no quede en una triste pero impune despedida. El Instituto Nacional Electoral cayó en el pozo del descrédito, no es confiable y requiere una limpia cabal, porque es mucho lo que está en juego. México tiene un gasto electoral que, por su monto, es el primero o segundo en el mundo. Hay ahí mucho dinero, los chacales lo saben y ya se conoce el nombre de algunos de ellos, de los funcionarios enriquecidos y los contratistas beneficiados. Pero, hasta ahora, no hay un solo personaje sujeto a proceso.
Para asear y poner orden en el cochinero que deja doña Guadalupe Taddei, todo indica que la tarea rebasa las atribuciones del actual consejo del INE. Habrá que echar abajo la reforma que invistió de poderes excesivos a la hoy expresidenta del instituto, pero los consejeros no se han manifestado en ese sentido, entre otras razones porque no le conviene a la mayoría morenista de ese órgano, que está ahí para servir a quien manda y en espera de continuar en la vía de los sueldazos y las inacabables prestaciones.
Como se sabe, la vida es una tómbola y ya se especula con recurrir nuevamente a la insaculación para que la suerte saque de la urna a uno u otro cuatacho o cuatacha del poder e imponerlo en la presidencia del INE para garantizar, en la elección del año próximo, que todo será más de lo mismo. Por eso es indispensable que quien llegue sea alguien respetable, alérgico a las corruptelas, que conozca a fondo el INE y sus funciones, que sea alguien respetado por los cuatroteros y por la oposición.
En ese panorama, el único que figura como un candidato aceptable es José Woldenberg. Pero la legalidad y un orden aceptable para todos no parecen importar a Morena.
