Emergencia epidemiológica nacional

No, no hablaré de la epidemia de asaltos, robos, secuestros, asesinatos, que invade el territorio nacional; tampoco hablaré de la epidemia de obesidad y diabetes que mata a más de 100 mil mexicanos cada año, quiero hablar de otro problema que afecta y afectará profundamente la vida de México: la epidemia incontrolable de embarazos en niñas y adolescentes.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Las cifras son contundentes: cada día se embarazan 24 niñas o adolescentes y cada año nacen más de 400 mil hijos de esas niñas (niñas cuidando niñas), es decir, uno de cada cinco nacimientos en México ocurre en niñas o adolescentes.

Junto con esas cifras que de por si son aterradoras, un porcentaje de estos embarazos, que oscila desde el 1 al 6 por ciento, es producto de una violación, generalmente de alguien de la familia, lo que agrava aún más el problema, porque en muchos casos la madre está enterada de las violaciones que sufre su hija, pero guarda silencio, lo que tiene gravísimas consecuencias para toda la familia.

El Banco Interamericano de Desarrollo señala que México ocupa el lamentable primer lugar en embarazos adolescentes, y la OCDE señala que el país tiene el mayor índice de embarazos, 46 por cada mil adolescentes.

Ante este panorama, diversas organizaciones han realizado estudios estadísticos, conferencias, simposios, etc., y hay otras dedicadas a la atención de esas niñas, pero el problema persiste; ¿qué es lo que ocurre?, ¿cuáles son las causas de esta epidemia?

De inicio, la falta de información de la mayoría de la población mexicana respecto a su cuerpo, cómo funciona, qué es la salud y cómo se puede perder, hace que los mexicanos sean analfabetas en salud, hay muchos mitos por la mala información que tienen los padres y la nula información que proporciona la escuela; es triste ver que en la primaria es más importante saber cuál es la capital de Argentina que saber cómo funciona nuestro cuerpo y cómo debemos cuidarlo; la Secretaría de Educación ha sido omisa en este sentido y tengo datos precisos para corroborarlo.

A esto se añade la desorientación que desde el púlpito predican los jerarcas de la Iglesia, las prohibiciones de muchas escuelas de orientación confesional, e incluso los bloqueos que hacen los legisladores para autorizar la educación sexual en las escuelas, lo que mantiene a los niños y adolescentes en la ignorancia total, y de eso tengo también experiencias personales.

Total, que la falta de información y los mitos y consejas relacionadas con el sexo, hacen que los niños y niñas al despertar su sexualidad en la adolescencia no sepan cómo comportarse y crean, con una candidez increíble, que a ellos no les pasará nada, no tendrán una enfermedad sexual ni se embarazarán.

Y lo sorprendente es que más del 80 por ciento de los adolescentes tienen alguna idea de lo que son los métodos anticonceptivos, pero sólo el 50 por ciento los usan; resultado: miles de embarazos no deseados, que afectan para siempre a todos: a la niña, que al ser mamá tendrá 80 por ciento de posibilidad de cancelar sus estudios y formará parte de esa “feminización de la pobreza” en las zonas más marginadas del país; afectará al responsable del embarazo, que tal vez esté obligado a casarse y entonces también cortará sus estudios y vivirá sin esperanza económica.

El problema afectará también a los padres, que muchas veces tendrán que hacerse cargo del bebé ante la imposibilidad de que una adolescente cuente con medios para sostener y educar al bebé.

Y, finalmente, el más afectado será el bebé, que nacerá en un ambiente hostil, nunca se sentirá parte de una familia y  esa condición lo marcará para siempre.

La Secretaría de Salud ha hablado una y otra vez de este problema; existen organismos que pretenden aliviar el problema o cuando menos ofrecer una atención digna a las embarazadas adolescentes, pero eso no es suficiente; es preciso que se alce la voz para que todos los mexicanos responsables, y hablo de los funcionarios, los políticos, los jerarcas religiosos, los educadores de todos los credos y todo el personal de salud participen en una cruzada para abatir de una vez por todas esta epidemia; no basta con repartir millones de condones gratuitamente,  —eso es bueno—, pero es necesario educar, educar, educar a los padres, a las madres, a los maestros, a todos, para que se hable el mismo idioma; ¡no más embarazos adolescentes!, ¡bienvenido el sexo con protección!

Quise abordar este tema porque creo que es de la mayor importancia, y porque estoy harto de comentarios, editoriales, opiniones y declaraciones acerca de los candidatos a las próximas elecciones, de los gobernadores y exgobernadores  delincuentes y de los chismes, consejas y posverdades

que inundan el territorio nacional; hoy contribuyo con mi silencio.

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