¿Preocupado por envejecer?
Para eso es la vejez: ver serenamente la vida, recordar las buenas cosas que pudimos lograr...

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
No te preocupes por la vejez, preocúpate por vivirla.
L. León.
Mi querido viejo: hace unos meses, allá en México, encontré a un amigo, compañero de infancia y juventud, con el que compartí desde los juegos infantiles, hasta los bailes de rock and roll que nos iniciaban en la vida; siempre fue brillante, hizo una carrera muy exitosa, realizó buenos negocios, tuvo una familia numerosa, viajó por el mundo y ahora está en su casa, porque su esposa falleció hace dos años y sus hijos han emprendido sus caminos y lo visitan de cuando en cuando.
Me dio gusto verlo y preguntarle qué había sido de su vida, porque por años no habíamos tenido la ocasión de reunirnos; me dijo que estaba bien, que como no tenía apuros económicos no hacía nada, salvo ir a ver alguno de sus edificios; que a veces iban sus hijos a visitarlo, los nietos también, pero muy aisladamente, y que estaba preocupado porque se estaba volviendo viejo.
¿Preocupado porque te estás volviendo viejo?, le dije, ¡pero si es lo mejor que te ha pasado!; simplemente recuerda a Sutano y a Mengano y a tantos otros compañeros que crecieron con nosotros y ya no están, y recuerda que hemos sabido que Perengano y Merengano tienen problemas familiares o económicos; pero tú, ciertamente te estás volviendo viejo, como yo, pero estás aquí, enterito; sí, me respondió, pero me preocupa la vejez.
Recuerda, le dije, que siempre hubo algo que nos preocupaba, desde los granos en la cara en la adolescencia, pasando por los exámenes en la universidad, los sobresaltos de la boda, la llegada de los hijos, los negocios, etc., ¡siempre vivimos preocupados!, pero ahora tú estás tranquilo, has vivido una buena vida y estás aquí, tienes que encontrarle el sabor a estos años que la vida te da y, en lugar de quejarte, descubrir todo lo que podemos hacer ahora que para eso es la vejez, para ver serenamente la vida, recordar todas las buenas cosas que pudimos lograr, en lo personal, en lo familiar, en lo social o económico, y darnos cuenta que, si estamos aquí, podemos y debemos disfrutar hasta el último momento.
Supe que mi amigo no hacía ejercicio, que comía mal, porque pasaba días sin comer suficiente, que dormía mal por insomnio y que había comenzado a tomar pastillas, tabletas, pócimas y brebajes que le habían aconsejado para tener salud.
La única medicina, le dije, es una alimentación sana, recuerda que Hipócrates dijo: “Que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina”; y junto con la alimentación, haz ejercicio, aunque sea caminar un rato por el jardín; lee buenos libros y duerme sin la televisión encendida; revisa los medicamentos que estás tomando y pregunta a un buen médico si los necesitas o no, porque los viejos necesitamos menos medicamentos de los que muchos galenos nos prescriben.
Y aunque estés viejo, piensa que el mundo es ancho y ajeno; tal vez en tu futuro haya una persona que comparta contigo gustos y alegrías.
Pero mis hijos no quieren, contestó, dicen que estoy muy viejo para enamorarme.
Eso es asunto tuyo y nada más, ya les diste todo lo que fue humanamente posible para su formación y educación, y ellos tienen ahora sus preocupaciones, ¡que no se metan en tu vida!, y si disfrutas así estos años que la vida nos da, nunca más te preocuparás por envejecer.
Y tú, querido viejo que me estás leyendo, ¿estás preocupado por envejecer?
Médico y escritor
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