No hay Plan B

Desde hace mucho tiempo se habla de los problemas que tiene nuestro planeta azul; desde el siglo pasado autoridades y científicos afirman que nuestro mundo corre peligro por el mal uso que se ha hecho de sus recursos y por la enorme cantidad de contaminantes de todo tipo que lanzan al aire las industrias del mundo.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

El cambio climático ha sido tema de conversación casi en todos los niveles, pero debemos reconocer que la mayor parte de la población considera que “otros” deben hacer lo necesario para salvar al planeta.    

Ciertamente, la Organización de las Naciones Unidas ha realizado juntas, reuniones, simposios, convenciones sobre el cambio climático, y a pesar de los reiterados llamados a contener las actividades que dañan al planeta: talas indiscriminadas en amplísimas zonas boscosas, depredación de poblaciones vegetales y animales que modifican los ecosistemas, uso desbordado de las plantas de energía eléctrica que contaminan la atmósfera, acumulación indescriptible de basura de todo tipo, orgánica, inorgánica, etc., parece que el mundo está sordo ante el clamor del planeta y ciego ante lo que puede venir en un futuro próximo.

Los cambios en el planeta son evidentes: zonas antes densamente pobladas de vegetación son ahora eriales, inundaciones por la deforestación salvaje en todo el mundo, deshielo de los casquetes polares, aumento del nivel del mar y de la temperatura del planeta, veranos ardientes, inviernos frigidísimos y tantos males más.  

Y si vemos lo que se ha logrado en relación al clima, encontramos que en México hay tal cantidad de secretarías, comisiones, asociaciones etc., que no deberíamos tener problemas: está la Semarnat, Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales; la Profepa, Procuraduría federal de Protección al Ambiente; la Conanp, Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas; la CNF, Comisión Nacional Forestal; la Comisión para la Cooperación Ambiental de Ámerica del Norte, el Centro de Capacitación, Asesoría, Medio Ambiente y Defensa del Derecho a la Salud A.C., el Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano, el Centro de Información y Comunicación Ambiental de Norteamérica, el Centro Mexicano de Derecho Ambiental; la Conabio, Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad; Greenpeace México, el Grupo de Estudios Ambientales A.C., el Instituto Nacional de Ecología, la Red de Estudios para el Desarrollo Rural, la Red para el Desarrollo Sostenible de México A.C., y muchas organizaciones latinoamericanas en las que México también participa.

¿Cuáles son los resultados de tan importantes y conspicuas organizaciones?; si contamos los foros, simposios, conferencias, publicaciones, presentaciones, etc., son un éxito, pero si analizamos el impacto real que todas ellas han logrado para México, vemos que, en suma, son un desperdicio de tiempo y dinero, porque el clima no mejorará con una declaración o un edicto, por más bien escritos que estén.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, hace nuevamente un llamado para que la próxima Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que se celebrará en París en las próximas semanas tenga resultados reales; los 196 Estados que ya estuvieron en la Cumbre de Río en 1992 deben reconocer que poco o nada se ha logrado; Ban Ki-moon habla de la urgencia de tomar acciones reales; “No hay Plan B”, afirma, porque el peligro del planeta es algo real e inminente.

Los avances de la ciencia y la tecnología pueden permitir que se cambie la manera de vivir en el planeta, que se utilicen otras fuentes de energía, que se encuentren nuevas formas de protección de vegetales y animales, que las empresas responsables —culpables sería un mejor adjetivo— de contaminar cumplan los compromisos que se firmaron desde hace casi 25 años; ¿se puede?, claro que se puede, ¿se quiere?, eso está aún por verse.

Como relató Lorena Rivera en nuestro Excélsior, el presidente del segundo país más contaminante del planeta, Barack Obama, estuvo recientemente en el glaciar Exit, en el parque nacional de los Fiordos de Kenai, Alaska, que se derrite rápidamente, y en una entrevista a la revista Rolling Stone esbozó su Plan de Energía Limpia, que llevará a la Cumbre de París; no dudo que el presidente tenga las mejores intenciones, y que sus discursos muevan los corazones de millones de seres humanos, pero ¿se moverán los corazones de los dueños del dinero?, ¿cambiarán sus técnicas contaminantes, aunque disminuyan sus monumentales ganancias?

La Cumbre de París está lista, la información está en https://www.cop21.gouv.fr/es Vale la pena saber lo que van a hacer las naciones del mundo y reflexionar sobre lo que cada uno de nosotros debemos hacer, porque en verdad “No hay Plan B”.

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