Cuando termina un Mundial de futbol lo que normalmente permanece en nuestra memoria son los goles inolvidables, las atajadas espectaculares y el equipo que levanta el trofeo. Sin embargo, algunos de los legados más importantes del Mundial se sienten mucho más allá de la cancha.
Se encuentran en las ciudades que dieron la bienvenida al mundo, en las amistades que surgieron entre desconocidos y en el recordatorio de que el alcance global del futbol le da una capacidad única para conectar a las comunidades a nivel personal.
Desde hace mucho tiempo, el deporte ha sido una de las herramientas más eficaces de la diplomacia pública. El futbol, en particular, tiene la capacidad de mostrar la identidad de un país, despertar curiosidad por su cultura y crear vínculos entre las personas. Y México nos lo recordó a lo largo del Mundial.
Como uno de los países anfitriones, México recibió a millones de visitantes con la calidez, la generosidad y la riqueza cultural por la que es conocido en todo el mundo. Sus ciudades sede mostraron no sólo una auténtica pasión por el futbol y estadios de clase mundial, sino también una extraordinaria historia, gastronomía y tradiciones.
Algunos de los momentos más memorables ocurrieron lejos de los estadios. Los visitantes formaron parte rápidamente de las tradiciones locales. Los aficionados mexicanos invitaron con entusiasmo a aficionados extranjeros a participar en el famoso “quiere volar”. En todo el país la frase optimista “¿y si sí?” reflejó el entusiasmo y la ilusión que rodearon el torneo. Y México demostró con orgullo su espíritu nacional, el apoyo incondicional a su Selección con sus extraordinarias actuaciones y el valor que el equipo aportó a México incluso cuando su participación llegó a su fin.
Australia pudo experimentar ese espíritu incluso antes de que iniciara el torneo, con el partido amistoso entre nuestras Selecciones nacionales. Más allá de su importancia como preparación para la competencia, ese encuentro reflejó algo más profundo: la amistad entre dos países separados por el Pacífico, pero conectados por valores compartidos de apertura, diversidad y cooperación.
Esta convicción de que el futbol puede ser una fuerza de inclusión también ha guiado el apoyo de Australia a iniciativas comunitarias en México. En los últimos años, a través de nuestro Programa de Ayuda Directa (DAP), la Embajada financió el proyecto Cancha Violeta, de la ONG Más Sueños, que promueve la igualdad de género y espacios seguros en el futbol para prevenir y atender la violencia de género. Este año, además, nos asociamos con Girls United para apoyar un programa que empodera a las mujeres a través de la capacitación en liderazgo y desarrollo de habilidades para promover la participación inclusiva en este deporte.
Durante el Mundial, muchos australianos experimentaron la vitalidad y diversidad de México, incluidos los que visitaron México por primera vez. Ellos regresarán a casa con recuerdos de grandes partidos, pero también de una hospitalidad extraordinaria y una conexión humana genuina. Muchos, no tengo ninguna duda, volverán.
Eventos como el Mundial nos recuerdan que las relaciones internacionales no se construyen únicamente en salas de reuniones o mediante acuerdos oficiales. También se fortalecen en las plazas públicas, en los estadios, compartiendo una comida y en las conversaciones entre personas que descubren que tienen mucho más en común de lo que imaginaban.
Cuando evoquemos el Mundial de futbol, sin duda pensaremos en los campeones. Pero también deberíamos rememorar algo igualmente valioso: un torneo que unió a las naciones, fortaleció la amistad entre Australia y México y que nos recordó que, a menudo, las mayores victorias son las conexiones que construimos más allá del silbatazo final.
Comentarios: downunder.mexico@dfat.gov.au o Facebook y X: @AusEmbMex
*Encargada de Negocios de la Embajada de Australia en México
