Educación, desequilibrio regional y los bloqueos de Reforma
En las últimas décadas los habitantes de este país, de costa a costa y de frontera a frontera, hemos estado preocupados, sistemáticamente, por una serie de eventos que, entre la sorpresa, el trabajo y la frustración, nos han impedido asimilar la gravedad del problema ...
En las últimas décadas los habitantes de este país, de costa a costa y de frontera a frontera, hemos estado preocupados, sistemáticamente, por una serie de eventos que, entre la sorpresa, el trabajo y la frustración, nos han impedido asimilar la gravedad del problema educativo.
Las recurrentes crisis económicas, devaluaciones, elecciones, su regulación y evolución, desempleo, inseguridad con su cauda de crímenes, hechos de sangre, huérfanos, tragedias que van azotando por regiones, comarcas, municipios, aunado a toda una serie sucesiva de hechos que forman parte de la evolución social, económica y política del país, que son la vida diaria del ciudadano, del ama de casa, del campesino, del trabajador, del estudiante… se convierten en bruma que dejan escasa visibilidad.
Todo esto, en su conjunto, y a lo largo de años de vivir dentro de ese bosque de problemas, se va viendo cada árbol y el destrozo que los problemas ocasionan en él y, con frecuencia, se pierde visión del todo y su perspectiva.
Hace años escuché una magnifica disertación del maestro Federico Reyes Heroles, en la que analizaba la constante creación de países que anualmente se van incorporando como nuevas piezas del mapa global, países que surgen a partir de diferencias religiosas, étnicas, económicas y de otro tipo.
Las diferencias agudas en el desarrollo regional acaban estallando socialmente y, con frecuencia, son motivo de escisiones nacionales.
Todo esto viene como referencia para que revisemos seriamente lo que está ocurriendo en nuestro país, definido como una República representativa, democrática, laica y federal, compuesta de estados libres y soberanos.
En esta República nos encontramos con que el espíritu federal, con todo su significado y con sus esquemas tradicionales, ya no está operando lo suficiente como mecanismo de compensación para atenuar desequilibrios y lograr el desarrollo armónico de la nación toda. Aquí es donde el análisis debemos centrarlo en qué fue primero, el desdén y falta de apoyos a estados hoy rezagados, o fallas en nuestro sistema que confundieron localmente al Pacto Federal con un sistema permanente, obligatorio unilateralmente, responsable de desarrollar lo que presentaba carencias y, especialmente, pobreza.
No resiste el más mínimo análisis la gravísima condición de desequilibrio regional del sur-sureste como otras regiones, como la frontera norte, por poner un ejemplo.
La opinión en favor del sur-sureste es que su pobreza y subdesarrollo mueven a que la caja federal les dé más dinero, argumento válido y no sujeto a discusión, peeeero… no confundamos lo humanitario del argumento con la ingenuidad de sostener por siempre un estado de cosas irregulares con subsidiados crecientes, sin que éstas muestren un real espíritu de superación de sus limitaciones a partir de su propio esfuerzo.
Ahora resulta que el país entero debe trabajar; las obreras del norte en las líneas de producción de la maquila, los campesinos del Bajío en el surco, los obreros de todas las fábricas y talleres transformando las materias primas en productos para el mercado; y así todos trabajando, generando riqueza, para mandarla al barril sin fondo de grupos que, argumentando estar en la educación, tienen años exigiendo, reclamando, obstruyendo, esgrimiendo siempre lo social, sin que puedan mostrar resultados de su trabajo. Y para muestra un botón: Oaxaca tiene los más penosos lugares en clasificaciones de educación, con menos alumnos grupo por maestro, con los más altos índices de analfabetismo, con más días del calendario escolar perdidos por el conflicto sistemático en el que vive un conjunto que, lejos de ser apostolado, se ha convertido en un mar de discusiones prestacionales. Curiosamente, mientras crecen los escándalos vergonzosos del sector educativo de Oaxaca, crece su atraso social y aumenta su distancia con el desarrollo del resto del país, y nadie quiere señalar un hecho real: Hay cansancio de quienes trabajan y aportan sus impuestos, que ven con asombro cómo se desperdician esos recursos en días de paro sin razón y en incendio de bienes que no los pagan los incendiarios, sino los que trabajan en otras regiones.
Mientras crecen las manifestaciones de los que reclaman sus prestaciones, sin justificar que son maestros con alumnos y que sus alumnos sí existen, crece también una ola silenciosa nacional de hartazgo que lo afirma “vox populi” en todo el país: en esta colmena hay mucho esfuerzo de las obreras, y aumenta el número de zánganos que están llegando a niveles inaceptables en su número, conducta y sistemático ausentismo.
Senador de la República por el estado de Chihuahua
