1915-2015: cien años de la soberana Convención de Aguascalientes

La historia de nuestro país tiene, en uno de sus pasajes de mayor importancia, la celebración de la Soberana Convención Revolucionaria de Aguascalientes, buscando el acuerdo conciliador nacional entre las diversas facciones revolucionarias. El usurpador Victoriano Huerta ...

La historia de nuestro país tiene, en uno de sus pasajes de mayor importancia, la celebración de la Soberana Convención Revolucionaria de Aguascalientes, buscando el acuerdo conciliador nacional entre las diversas facciones revolucionarias. El usurpador Victoriano Huerta fue, finalmente, derrotado. Desafortunadamente, los resultados no fueron los mejores.

La Convención se desarrolló por etapas a partir del 1° de octubre de 1914, en la Ciudad de México. La predominancia carrancista obligó a moverla 10 días después a Aguascalientes, en busca de un sitio neutral, donde si bien se presentó mayor pluralidad, fueron los ideales de Villa los que dominaron. Por esta razón Carranza las desconoció un mes después. En la Ciudad de México, de nuevo, fue el zapatismo quien logro plasmar sus ideales. La Convención volvió a sesionar a principios de 1915, justo hace cien años. La Convención se desarrolló en medio del conflicto armado en diversas regiones del país, entre las que podemos mencionar las batallas de Zacatecas, Guadalajara, Monterrey y Chilpancingo, lo que finalmente terminó con el gobierno militar de Huerta y sus usurpadores. El objetivo era evitar la discordia al interior del grupo revolucionario comandado por el ejército Constitucionalista Carranza, a quien le importaba especialmente incrementar su hegemonía y fortaleza en todo el país.

La Guerra civil, posterior a la Convención, fue de un impacto desquiciante. La inseguridad predominó en todos los rincones del país, la producción decayó al mínimo y se perturbaron todas las comunicaciones, provocando una grave escasez de alimentos y de dinero, enfermedades con grave deterioro social y un alarmante número de muertes. Las decisiones de los integrantes de la Convención se encargaron de llevarla al fracaso. Es necesario reconocer las complicadas situaciones económicas, políticas y culturales que los orillaron a tomar dichas decisiones y mencionar que, si bien no se logró el éxito total en la puesta en marcha de los ideales convencionistas, sí se presentaron una serie de proyectos de reformas agrarias, obreras, sociales, administrativas y políticas variadas. Algunos historiadores señalan que las ideas de mayor relevancia; presentadas durante la Convención, fueron plasmadas en la Constitución de 1917. Desgraciadamente, éstas quedaron disminuidas ante la cantidad de muertes que se suscitaron en dicho periodo.

A 100 años de la celebración de la Convención de Aguascalientes, es necesario reflexionar sobre los ideales plasmados ahí. La Revolución Mexicana fue apoyada principalmente por los campesinos desprotegidos en contra de los grandes terratenientes y de un gobierno centralista y opresivo. Hoy es imperioso preguntarnos: ¿Qué tanto ha cambiado la configuración socioeconómica de nuestro país en relación con la que se vivía hace 100 años? México es otro país completamente diferente. No obstante, las cifras de personas en pobreza se mantienen en niveles alarmantes, alcanzando los 53.3 millones en 2012.

El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de la justicia, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien.

La Convención de Aguascalientes es un hecho histórico con menor difusión que otros sucesos, razón por la cual es necesario retomarlo porque fue ahí donde se centraron las ideas principales de los grupos emanados de la Revolución Mexicana; analizarlo desde distintas perspectivas histórica, política, jurídica, periodística y social. Volvamos a reflexionar sobre los pendientes que no han sido saldados desde hace un siglo.

Es conveniente que quienes conformamos los poderes de la Unión, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, retomemos los ideales pendientes y que a 100 años de la celebración de dicha Convención, la misma sociedad alcance sus reclamos de satisfactores mínimos que permitan a llevar una vida digna de este mundo globalizado y avasallador. Tenemos que decir no a una economía de exclusión. Ver morir de frío a un anciano en situación de la calle y no hacer nada es muestra de la iniquidad que clama por un cambio. Hoy todo entra en el juego de la competitividad y la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al débil. Hoy se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad será imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pueblos y a las personas pobres, pero sin igualdad de oportunidades; las diversas formas de agresión y de guerra encontraron un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión. Cuando la sociedad local, nacional o mundial —abandona en la periferia una parte de sí misma— no hay programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad.

El individualista posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos entre las personas, al tiempo que desnaturaliza los vínculos familiares. Muy enferma debe estar una sociedad que pierde la memoria. Los relatos de familia por lo sucedido en 1915, siguen estrujando el sentimiento y llaman a aprender las lecciones del ayer. Mi padre tenía 6 años cuando llegó con mis abuelos a la ciudad de Chihuahua, procedente del serrano San Francisco de Borja en tránsito a El Paso Texas, acompañando a familiares que iban huyendo de la barbarie revolucionaria. Jamás olvidó el hambre que de niños sufrieron, porque la ciudad carecía de suministros. Todo era el caos. Una revolución sin convenios ni acuerdos marcó para siempre a una generación, lástima que las siguientes promociones no tengamos asimilada la lección, para evitar el sufrimiento de millones de inocentes. 1915-2015, las memorias están hechas de eso... y de olvido.

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