El financiamiento al campo, sueño que sueña…

Si no se actúa en tiempo y a tiempo, dejaremos pasar esta oportunidad única en muchos años.

La semana pasada expuse una visión sobre la situación que impera en el financiamiento agropecuario, así como la importancia que tiene contar con un sistema financiero sólido y maduro, que sirva como base para elevar la producción agropecuaria y que esto se refleje en mejores ingresos para los productores, coadyuvando a disminuir los niveles de pobreza en los que se encuentran muchos campesinos de nuestro país.

A través de los años hemos transitado con un sistema financiero que no ha podido cumplir a cabalidad con los objetivos que debe atender, y que sí observamos en otras latitudes como lo es en Brasil y Holanda, por citar algunos casos.

Para llegar a un esquema parecido al de estos países, es necesario partir de dos premisas fundamentales, que, de llevarse a cabo, darían un giro de 180 grados a la visión que tenemos con respecto al crédito agropecuario.

La primera es cambiar el concepto que se tiene del crédito y evitar que éste siga siendo el “apoyo” de cartera vencida creciente en que muchas veces se convirtió, en donde el crédito oficial se troca de manera milagrosa, como lo fue la transformación del agua en vino, en subsidios que van a fondo perdido.

Esto lo único que origina es ir cerrando paulatinamente la llave que suministra el crédito y que termine como un pequeño goteo que se evapora en la misma tierra, urgida de financiamiento sano a proyectos viables.

La segunda premisa es aún más complicada de erradicar, y tiene relación con la primera. Es necesario cambiar la mentalidad de los receptores del crédito para darnos cuenta de que el crédito es crédito y lo seguirá siendo, por lo tanto es condición obligatoria el tener que pagarlo.

Desafortunadamente, la realidad es que en variados sectores de la sociedad, el crédito de la banca oficial no es considerado de esa manera y termina convirtiéndose en saldos impagables que siguen incrementándose a través del tiempo, originando los alarmantes índices de cartera vencida que han exterminado bancos de fomento desde hace tiempo.

Ante este escenario, es necesaria la innovación y un cambio serio en el esquema de garantías, avales, fiadores o de lo que se requiera, con el objetivo de no cerrar la llave del crédito y por el contrario, éste se convierta en el motor que incremente la producción, además de generar, como dicen algunos, círculos virtuosos en la economía que generarán externalidades positivas para todo el sector agropecuario.

En estos momentos se requiere crédito, pero que éste no sea para reproducir las malas prácticas, sino para hacer crecer las buenas condiciones que tiene nuestro campo, aprovechando el buen temporal lluvioso de 2013 y 2014 y los mejores precios en el mercado.

Es necesario hacer valer las ventajas que tenemos en algunos sectores, y retomar el esquema de la pignoración. Por poner un ejemplo, la pignoración ganadera es prácticamente inexistente, ya que si fuera realidad un importante número de entidades ganaderas podrían acceder a mayores créditos con garantías, donde dada la condición actual de los precios internacionales y de las condiciones de mercado, el riesgo sería mínimo y como consecuencia habría menos riesgos para el erario  para la entidad otorgante del crédito.

Esta es una situación coyuntural dadas las condiciones favorables del momento. Si no se actúa en tiempo y a tiempo, dejaremos pasar esta oportunidad única en muchos años.

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